Imagina que despiertas un lunes cualquiera y, al llegar al banco para retirar algo de efectivo, descubres que hay una fila interminable rodeando la manzana. No es quincena ni pago de pensiones: es que desde esta mañana el dinero físico dejó de existir.
Mientras dormías, el gobierno anunció que todos los billetes y monedas quedaban fuera de circulación y que cualquier compra, pago o trámite tendría que hacerse por medios digitales.
En cuestión de horas, las sucursales se saturan: adultos mayores que no usan celular, comerciantes que viven del efectivo y personas que jamás han hecho una transferencia.
En un país donde el 23.5% de los adultos no tiene ni un producto financiero y el 37% ni siquiera cuenta con un banco (ENIF 2024), la situación sería delicada.

A continuación, te contamos Qué pasaría si: desapareciera el dinero físico
Las heridas estructurales que explotarían primero
Si México dejara de usar efectivo, lo que colapsaría no sería el sistema bancario, sino la vida diaria de quienes mantienen al país funcionando desde la informalidad.
Y ese grupo no es pequeño: 32 millones de personas -el 54.8% de la fuerza laboral- trabajan sin contratos, terminales bancarias o cuentas formales.
En zonas rurales el golpe sería doble. Apenas 65.5% de la población en localidades menores de 15 mil habitantes tiene algún producto financiero, y la conectividad sigue lejos de ser universal: solo 68.5% de la población rural usa internet (ENDUTIH 2024).
A eso se suma una brecha generacional profunda: entre los adultos mayores, apenas 42.1% utiliza internet. Un país donde más de la mitad de la fuerza laboral sobrevive al día no puede cambiar de sistema de pago de un día para otro sin dejar a millones en la orilla.

Quienes hablan lengua indígena, las mujeres sin acceso a teléfono propio y los adultos mayores dependientes de pensiones en efectivo serían los primeros excluidos. Pero no los únicos
La parálisis del primer día
Sin efectivo, el caos sería inmediato:
En India, cuando se intentó algo similar en 2016, las ventas callejeras cayeron hasta 80% las primeras semanas. Sin señal no hay venta, y sin venta no hay comida.
Ante el vacío, surgirían intermediarios que "prestan" su app cobrando comisiones abusivas. El trueque volvería en zonas rurales y urbano-populares. Las deudas informales crecerían.

En China, los pagos se realizan principalmente con códigos QR, incluso en los puestos callejeros, lo que ha vuelto casi obsoletos los billetes y monedas. La mayoría de la población utiliza aplicaciones como Alipay y WeChat Pay, que permiten pagar desde el celular en prácticamente cualquier lugar
Curiosamente, son los extranjeros quienes usan más el efectivo, ya que para activar estos servicios se requiere tener una cuenta bancaria china, condición que no todos pueden cumplir.
Aun así, el dinero físico sigue existiendo y utilizándose, aunque cada vez en menor medida
Quién ganaría realmente
Si México eliminara el efectivo, habría ganadores claros:
Privacidad, autonomía y otros daños invisibles
Un país sin efectivo sería también un país donde cada compra -una torta, un cigarro, un taxi, una cerveza- quedaría registrada.
No es solo un asunto de vigilancia, sino de control económico: quien no tenga historial crediticio, comprobante de ingresos o identificación alineada a estándares bancarios no podría abrir cuentas ni operar con libertad.

Para las mujeres en contextos de violencia económica, el efectivo es hoy una ventana de autonomía; sin él, su dependencia aumentaría.
Tecnología frágil, país vulnerable
La digitalización total también trae riesgos nuevos. México registra algunos apagones masivos al año y fraudes digitales que crecieron 30% en 2024 (CONDUSEF).
Un fallo en SPEI -y ya ha ocurrido- o una caída de WhatsApp paralizaría millones de transacciones.
Y en desastres como el huracán Otis, donde Acapulco quedó dos semanas sin luz ni señal, un país sin efectivo habría experimentado una crisis humanitaria.

Suecia, símbolo de digitalización, tuvo que retroceder porque los adultos mayores y zonas rurales quedaron excluidas. India vivió protestas, desempleo y una caída del PIB. Nigeria enfrentó desabasto de alimentos y violencia tras limitar el acceso al efectivo. Ninguno de estos países tenía un nivel de informalidad tan alto como México
El final: ¿destino inevitable o mala decisión?
Pensar en un México sin efectivo no es solo un ejercicio tecnológico; es un reflejo de las desigualdades profundas que todavía nos atraviesan.
Más que eliminar billetes, lo urgente es construir un país donde todas y todos puedan vivir sin miedo a quedar desconectados: internet universal, educación financiera, cuentas sin comisiones, aceptación garantizada de efectivo para necesidades básicas.
Mientras 37% de la población no tenga cuenta bancaria y más de la mitad viva de la informalidad, abandonar el efectivo sería más que riesgoso: sería injusto.

La pregunta no es "¿cuándo desaparecerá el efectivo?", sino "¿qué tendríamos que transformar primero para que nadie se quede atrás?