La violencia en los planteles educativos no surge de manera aislada. Detrás de las agresiones físicas, verbales, el acoso escolar y las amenazas pueden existir diversos factores familiares, sociales y emocionales que, sin una atención oportuna, contribuyen a deteriorar la convivencia entre estudiantes.
Entre los principales factores se encuentran los conflictos familiares, la exposición a la violencia en el hogar, la falta de límites, la normalización de las conductas agresivas y las dificultades para manejar emociones como el enojo y la frustración. Estas situaciones no determinan que un estudiante se convierta en agresor, pero pueden influir en su manera de relacionarse con los demás.
"A veces los problemas familiares, o incluso, que los niños, niñas y adolescentes están tanto tiempo en juegos en línea, eso ha generado y ha estadísticas que les ha afectado, los ha trastornado sus emociones y como ahí ven que hay conflictos bélicos y ya no se diga si en casa no los han atendido adecuadamente, han generado violencia". Advirtió Ángel Durán Pérez, Asesor Jurídico de Víctimas.

Otro elemento es el entorno social. La presión de grupo, la discriminación, la exclusión y la necesidad de obtener reconocimiento entre compañeros pueden favorecer conductas de intimidación, especialmente cuando las agresiones se consideran bromas o se minimizan por parte de quienes las presencian.
A estos factores se suma el uso de las redes sociales, donde las burlas, amenazas, difusión de fotografías sin consentimiento y otros actos de ciberacoso pueden extender los conflictos más allá del horario escolar. La violencia digital también puede trasladarse a las aulas y afectar la seguridad y el bienestar emocional de las víctimas.
"No tenemos un verdadero protocolo establecido para el cuidado de los pequeños y pequeñas en estos casos, que el reglamento que tienen las escuelas se cumpla al pie de la letra, la omisión de cuidados de los padres de familia como la omisión de cuidados por parte de escolar ha sido parte de esas consecuencias que hemos tenido". Agregó Leticia Zepeda Mesina, Presidenta de la colectiva 50+1 Capítulo Colima.

La falta de detección temprana y de protocolos eficaces de atención también representa un riesgo. Cuando las agresiones se ignoran, las víctimas no encuentran canales seguros para denunciar o los casos se atienden únicamente mediante sanciones, existe la posibilidad de que los conflictos continúen o escalen.
Frente a este panorama, especialistas señalan la importancia de fortalecer la comunicación entre madres, padres y docentes, identificar cambios de conducta, atender oportunamente las denuncias y desarrollar habilidades socioemocionales entre niñas, niños y adolescentes.