En México, el sistema educativo no camina: se tambalea.
Mientras el discurso oficial promete transformación, la realidad en las aulas es un mapa de desorden, impunidad y vacíos legales.
"Esta nueva escuela mexicana que quita la evaluación cuantitativa por irse a otra serie de indicadores que no reflejan el rendimiento escolar, pues sí genera más dudas que certezas sobre la implementación del modelo", dice de entrada Israel Sánchez Martínez, presidente de la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF).
¿Cómo inicia el ciclo escolar 2026-2027?
A nivel nacional, siete de cada diez estudiantes se encuentra en educación básica: preescolar, primaria y secundaria.

Durante el ciclo escolar 2024-2025, la matrícula total fue de 34 millones 370 mil 623 estudiantes, que asisten a un total de 262 mil 351 planteles tanto públicos como privados en todo el territorio nacional.

Para contribuir a la formación de cada estudiante, contamos con dos millones 180 mil 559 docentes en todos los niveles y nuevamente la educación básica concentra la mayor cantidad.
El primer reto es educativo.
La escolaridad promedio en México es de 10.2 años; es decir que la población estaría cursando en el primer año de bachillerato.
Pero hay disparidades. Mientras Ciudad de México, Querétaro o Nuevo León promedian 12 años de estudio, en entidades como Guerrero, Oaxaca y Chiapas, el promedio apenas supera los ocho años, una realidad que las becas escolares no han resuelto, como reconoce el presidente de la Unión Nacional de Padres de Familia.

"No son becas escolares, son apoyos a jóvenes y estudiantes, es un apoyo social, pero no está vinculado a la educación, es necesario que sí se vincule como se ha hecho anteriormente; hay incentivos pero que estén vinculados a la asistencia y a obviamente al incremento del desempeño escolar".
En su primer informe de gobierno, la presidenta presumió el incremento de becas, la creación de nuevos esquemas de apoyo, pero son ayudas que no garantizan la permanencia en las aulas.

De acuerdo con los datos oficiales de la propia Secretaría de Educación Pública, durante el ciclo escolar 2023-2024, la tasa de abandono escolar fue de 11.3 por ciento en educación media superior, 3.7 en secundaria y 0.6 en primaria.
Ante esto, Israel Sánchez Martínez, de la UNPF, advierte sobre el rezago "cuando tenemos alta deserción escolar, cuando tenemos una tasa alta de analfabetismo, 15 millones de jóvenes que no terminaron su secundaria, nueve millones de educación básica que simplemente ya no aparecieron en las escuelas, es decir, ya no regresaron, están inscritos, pero no terminan sus estudios".
El dato relevante es que la tasa de abandono escolar en bachillerato sigue por encima del diez por ciento, un sector que debiera alertar a las autoridades, pues entre estos jóvenes se encuentran las primeras víctimas de reclutamiento forzado por parte de grupos criminales.
"Pues existe el riesgo constante y sonante de que son reclutados muchos de estos jóvenes que ya no asisten a la escuela que incluso recibe un apoyo federal; parte de estos chicos que ya no regresan a la escuela, son parte de una población en riesgo no solamente de sufrir de violencia sino de ser generadores de violencia", dice Sánchez Martínez.
Otro componente es el estado físico de las escuelas.

En el país hay 262 mil 251 planteles, sólo 39 mil 452 son colegios privados desde preescolar a universidad.
Y las carencias están en las escuelas públicas, especialmente a nivel básico y más aún en entidades federativas con mayores rezagos y pobreza.
La SEP confirma cinco mil 065 escuelas sin energía eléctrica, 21 mil 497 sin agua potable, 15 mil 320 sin lavamanos y ocho mil 30 sin baños independientes para estudiantes y docentes, lo que impacta en el desarrollo educativo del estudiantado.
El programa "La escuela es nuestra", diseñado para entregar recursos directos a comités de padres de familia sin intermediarios institucionales, derivó en un desbalance operativo: Compras sin supervisión técnica, obras inconclusas y miles de planteles que hoy continúan sin luz, sin agua y sin sanitarios dignos.
"Incluso siguen sin tener luz, como ya lo comentábamos, sin internet, obviamente pues ya no decimos de la actualización de los equipos ni de los sistemas, entonces, yo creo que esa parte el estado y los estados, incluyendo los municipios, tendrán que hacer un esfuerzo importante para que puedan fortalecer los presupuestos adecuados para ello", dice Sánchez Martínez.
Otro síntoma de la falta de regulación en el sistema educativo mexicano es la ausencia de supervisión estatal.
Y el caso de las escuelas con modelo militarizado en el país expuso esta falta de atención por parte de las autoridades educativas.
Durante años, planteles bajo disciplina severa operaron en un vacío normativo, sin protocolos claros de protección infantil ni fiscalización pedagógica.
Tuvo que ocurrir la muerte de la joven Dafne bajo custodia y supuesta disciplina rígida, para que las autoridades reaccionaran y lo hicieron a destiempo para intentar normar lo que llevaba años funcionando en la sombra.
En este, como en casos previos, la SEP privilegió la política de reacción, sobre la política de la prevención: el estado entra a regular solo cuando hay otra víctima.
Y en el renglón de la seguridad, también queda en el aire la seguridad dentro y alrededor de los planteles, sobre todo en entidades donde el crimen organizado se ha desbordado.
A este vacío regulatorio se suma el desorden histórico en la gestión del magisterio.
Control de plazas, presión sindical y disputas normativas entre grupos de poder han dejado en segundo plano lo verdaderamente importante: la capacitación docente.
Las y los maestros son lanzados al aula sin herramientas pedagógicas actualizadas para los retos del Siglo XXI, como dice Israel Sánchez Martínez, presidente de la UNPF.
"Aulas cerradas, índice de reprobación muy alto, índice de deserción muy alto también en este tipo de escuelas donde ellos administran, en estados donde están muy presentes y bueno, pues esto va a tener que también ellos también tienen que rendir cuentas. Es recurso público el que se les da, no es recurso privado".
Pero hay más...
En 2023 entró en vigor el modelo educativo llamado "Nueva escuela mexicana", con libros de texto muy criticados por sus errores ortográficos y conceptuales y que a tres años de distancia, la SEP no ha presentado ningún informe de resultados en su uso y aplicación.
Y esto viene aparejado con la cancelación sistemática de pruebas internacionales como PISA, que no eliminó el rezago escolar y apenas maquilló su magnitud.
La educación en México no sufre por la falta de promesas sobre el papel; sufre por la ausencia de reglas claras, aplicables y parejas para todos y cuyas consecuencias las pagarán las generaciones que hoy se forman en medio del desorden y la incertidumbre.