Las corridas de toros forman parte de una tradición que durante generaciones ha tenido presencia en Durango y que, con el paso del tiempo, se ha convertido también en un tema de debate. Para sus aficionados, la tauromaquia representa una expresión cultural y artística, además de un espectáculo que reúne a familias y seguidores alrededor del ruedo. Para quienes se oponen, representa una práctica que implica sufrimiento y muerte del animal. Entre ambas posturas permanece una tradición que ha logrado mantenerse durante décadas en la entidad.
Una tradición con historia
La presencia de la tauromaquia en Durango se remonta mucho antes de la construcción de la actual Plaza de Toros Alejandra. Desde el siglo XIX existen referencias a espacios destinados a las corridas en la ciudad. Una de las primeras plazas de las que se tiene registro fue una construcción de adobe ubicada cerca del antiguo Parque Ortiz de Zárate, la cual fue derribada en 1917.
Con el paso de los años, las corridas se consolidaron como parte de los espectáculos que llegaban a la ciudad. La construcción de la Plaza de Toros Alejandra, inaugurada el 6 de mayo de 1973, representó una nueva etapa para la actividad taurina en Durango y permitió que importantes figuras nacionales e internacionales llegaran a presentarse ante la afición local.
Grandes figuras en Durango
Por los ruedos duranguenses han pasado algunos de los nombres más reconocidos de la tauromaquia. Entre ellos se encuentran Eloy Cavazos, Manolo Martínez, Antonio Lomelín, Mariano Ramos y Pablo Hermoso de Mendoza, además de otras figuras que han formado parte de diferentes carteles a lo largo de las décadas.
Eloy Cavazos tiene un lugar especial en esta historia, pues participó en la corrida inaugural de la Plaza Alejandra, en un mano a mano con Curro Rivera. Años después, el matador regresó a Durango en diferentes ocasiones, manteniendo una relación cercana con la afición de la entidad.
También han llegado toreros y rejoneadores de distintas generaciones, convirtiendo algunas corridas en acontecimientos esperados por los seguidores de la fiesta brava.

El espectáculo detrás de la corrida
Para los aficionados, una corrida de toros representa mucho más que la presencia de un animal en el ruedo. Se trata de un espectáculo que involucra vestimenta, música, protocolo, técnica y una serie de elementos que forman parte de la tradición taurina.
La faena, los pases, las banderillas y la actuación del juez de plaza forman parte del desarrollo de la corrida. Dependiendo del desempeño del torero, pueden otorgarse trofeos como orejas y rabo. También existe la posibilidad del indulto, cuando las condiciones del festejo y la actuación del toro llevan a considerar que debe perdonarse su vida.
Una actividad que genera polémica
Pero mientras una parte de la sociedad considera que la tauromaquia debe preservarse como tradición cultural, otra cuestiona que el sufrimiento y la muerte del animal formen parte de un espectáculo.
En Durango, esta discusión también ha llegado al ámbito legislativo. Durante 2025 se plantearon propuestas para modificar las condiciones en las que se desarrollan las corridas, incluyendo medidas relacionadas con el bienestar y la protección de los animales.
Estas propuestas generaron diferentes reacciones. Los grupos defensores de los animales han planteado la necesidad de eliminar prácticas que consideran maltrato, mientras que sectores relacionados con la tauromaquia han defendido la continuidad de la actividad y han advertido que determinadas restricciones podrían modificar de manera importante la esencia de la corrida tradicional.
Una tradición frente a nuevos cuestionamientos
Las corridas de toros continúan formando parte de la historia de los espectáculos en Durango. Han generado afición, han permitido que grandes figuras del toreo lleguen a la entidad y han dejado recuerdos entre varias generaciones.

Sin embargo, también enfrentan una sociedad que cuestiona cada vez más las prácticas relacionadas con el trato a los animales. Por ello, la tauromaquia en Durango se encuentra entre dos realidades: por un lado, el peso de una tradición que cuenta con décadas de historia y seguidores; por otro, una creciente discusión sobre el bienestar animal y los límites que deben tener los espectáculos.
Más allá de las posturas a favor o en contra, las corridas de toros forman parte de la historia cultural y del entretenimiento de Durango, y su permanencia seguirá siendo motivo de conversación mientras continúe el debate sobre tradición, espectáculo y protección animal.