La irregularidad de las lluvias y la falta de humedad durante varias semanas han complicado el desarrollo de los cultivos en Durango, al grado de que las primeras estimaciones apuntan a pérdidas de entre 60 y 70 por ciento en algunas zonas, señaló Marcelo Hernández, presidente del Colegio de Agrónomos.
Explicó que uno de los principales problemas para los productores es que el comportamiento de las lluvias ya no mantiene los patrones que durante años permitieron organizar las labores del campo. Esta situación dificulta decidir cuándo preparar la tierra, sembrar y dar mantenimiento a las plantas.
El agua ya no llega como antes
Hernández recordó que anteriormente el mes de junio representaba para los productores una etapa de lluvias frecuentes, lo que permitía preparar los terrenos y comenzar las siembras con mejores condiciones de humedad.
Sin embargo, durante el actual ciclo agrícola se registraron precipitaciones en junio, pero posteriormente las lluvias se ausentaron durante más de un mes. Esto provocó que algunos productores, entre ellos el propio dirigente de los agrónomos, decidieran sembrar y posteriormente enfrentaran un periodo prolongado de sequía.
El problema, explicó, es que una planta puede resistir cierto tiempo con poca humedad, pero cuando el estrés hídrico se prolonga, llega un momento en que aunque posteriormente vuelva a llover, ya no logra recuperarse. "Llega un punto en que, aunque haya humedad, después ya no se recupera", señaló.

Plantas resistentes no alcanzan para enfrentar la sequía
El especialista indicó que existen variedades desarrolladas por genetistas que presentan mayor resistencia a la falta de agua. No obstante, esta capacidad no garantiza que los cultivos puedan soportar periodos demasiado prolongados sin precipitaciones.
Aún con estas variedades, el comportamiento irregular del clima representa un reto para los productores, quienes deben tomar decisiones sobre la siembra sin tener certeza de que las condiciones de humedad se mantendrán durante las siguientes semanas.
A esto se suma que la falta de agua no es un problema exclusivo de este año. De acuerdo con Hernández, se trata de una situación que se ha presentado durante varios ciclos y que también ha contribuido al deterioro de la fertilidad de los suelos.
La combinación de menor disponibilidad de agua y suelos con menor capacidad productiva termina reflejándose directamente en el rendimiento de las cosechas.
Estiman pérdidas de hasta 70 por ciento
Respecto al impacto que ha tenido la falta de humedad durante el ciclo agrícola, el presidente del Colegio de Agrónomos señaló que existen zonas donde el temporal fue favorable y los productores lograron mejores resultados.
Sin embargo, al hacer una revisión general de lo ocurrido, estimó que las pérdidas podrían ubicarse entre 60 y 70 por ciento, principalmente porque algunos cultivos ya no lograron recuperarse.
Las lluvias registradas durante septiembre han permitido que algunas plantas que todavía tenían capacidad de respuesta comiencen a recuperarse, pero el desarrollo que presentan ya no corresponde al que deberían tener de acuerdo con el avance de la temporada.
Por ello, aunque la presencia de agua durante septiembre representa un alivio para determinados cultivos, el retraso acumulado limita las posibilidades de obtener buenos rendimientos.
Hernández advirtió que el escenario que enfrentan los productores refleja cada vez más la dificultad de trabajar bajo condiciones climáticas que han dejado de ser predecibles. Para el sector agrícola, no solamente se trata de que llueva, sino de que las precipitaciones lleguen en los momentos en que las plantas necesitan agua para completar adecuadamente su desarrollo. Con cultivos que ya no podrán recuperarse y otros que apenas están respondiendo a las lluvias tardías, las expectativas para la producción de este ciclo se mantienen bajas.