Mientras la ciudad despierta y los adultos se apresuran al trabajo, muchos niños en Durango inician su día en soledad. Esta escena cotidiana, en apariencia normal, esconde una problemática profunda: la omisión de cuidados. Lejos de ser un hecho aislado o temporal, las autoridades lo reconocen como una forma de violencia infantil que deja huellas emocionales y físicas.
Durante 2024, la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado ha recibido hasta 40 reportes semanales relacionados con omisión de cuidados. De estos, más del 70?% resultan confirmados como casos reales que requieren desde apoyo psicosocial hasta medidas legales para proteger los derechos de los menores.
A nivel municipal, el DIF de Durango reportó 611 casos de este tipo. Aunque representa una reducción del 50?% en comparación con 2023 resultado, en parte, de campañas preventivas en zonas con alta incidencia, el problema no ha desaparecido. En el 65?% de los casos confirmados, los niños también enfrentan otras formas de vulneración, como negligencia alimentaria, abandono emocional o violencia indirecta.
La omisión de cuidados no siempre proviene del desinterés. En muchos casos, es consecuencia directa de las dificultades económicas, la falta de redes de apoyo y la necesidad de que ambos padres trabajen fuera del hogar. Sin opciones seguras, los menores terminan al cuidado de sí mismos, entre pantallas, rejas y puertas cerradas.
Aunque existen programas de orientación y asistencia familiar, esta forma de abandono sigue creciendo de forma silenciosa. Las secuelas emocionales no siempre son visibles, pero se acumulan con el tiempo, afectando el desarrollo, autoestima y bienestar de los menores.
Prevenir la omisión de cuidados implica más que señalar responsabilidades: exige soluciones integrales, apoyo comunitario y políticas públicas que prioricen el bienestar infantil.