El paso del tiempo también alcanza a los árboles de los parques y espacios públicos, algunos de los cuales pueden superar varias décadas de vida y convertirse en un riesgo cuando comienzan a perder estabilidad. El director de Servicios Públicos Municipales, Felipe Cortés Aragón, señaló que el árbol que recientemente cayó tenía más de 20 metros de altura y un tronco de aproximadamente 1.20 metros de ancho, dimensiones que dan cuenta del tamaño que pueden alcanzar algunos ejemplares antes de llegar al final de su ciclo.
El riesgo aumenta con los años
Cortés Aragón explicó que muchos de estos árboles son muy longevos y que algunos incluso pueden tener cerca de un siglo de antigüedad, por lo que su manejo requiere atención especial. Indicó que Servicios Públicos mantiene coordinación con el área de Medio Ambiente para determinar qué acciones deben realizarse con los ejemplares que representan algún riesgo.
El funcionario reconoció que la caída de un árbol puede convertirse en un problema mayor cuando ocurre en zonas transitadas o dentro de parques, particularmente si las ramas o el tronco alcanzan a personas o vehículos.
Recordó que en el Parque Guadiana ya se han registrado accidentes relacionados con la caída de ramas de gran tamaño, incluido un caso en el que una menor resultó afectada. Por ello, sostuvo que las labores de poda y retiro de árboles secos no deberían verse únicamente como trabajos de mantenimiento, sino como medidas preventivas para reducir riesgos.
Parques también requieren vigilancia
El director de Servicios Públicos consideró que los parques deben permitir la convivencia entre las personas y la naturaleza, pero bajo condiciones que reduzcan los peligros para quienes utilizan estos espacios.
En ese sentido, señaló que es necesario mantener vigilancia sobre el estado de los árboles y actuar cuando existan señales de que alguno puede colapsar. La revisión cobra mayor importancia en áreas donde diariamente acuden familias, niños, adultos mayores y personas que realizan actividades deportivas o recreativas.
Cortés Aragón también llamó a la ciudadanía a no acercarse a un árbol cuando exista algún indicio de riesgo de caída, particularmente después de que se detecte alguna afectación visible en el tronco, las ramas o la estructura del ejemplar.
¿Quién responde por los daños?
Ante la posibilidad de que la caída de un árbol provoque daños a un vehículo, explicó que existen diferencias dependiendo de las circunstancias. En el caso de las labores que realizan directamente trabajadores de Servicios Públicos, como poda o desmalezado en camellones, señaló que el área municipal cuenta con un seguro para atender los gastos derivados de algún percance durante esos trabajos.
Sin embargo, cuando se trata de la caída natural de un árbol, el escenario puede ser distinto. Por ello, recomendó a los propietarios de vehículos contar al menos con un seguro que incluya daños a terceros.

Más allá de quién termina cubriendo los daños materiales, la caída de un árbol pone sobre la mesa la necesidad de identificar con anticipación aquellos ejemplares que representan un peligro. En espacios públicos, una revisión tardía puede convertir un problema de mantenimiento en un accidente que termine afectando a personas que simplemente acudieron a un parque o transitaban por la vía pública.
La prevención, en estos casos, no depende únicamente de retirar árboles cuando ya están secos o a punto de caer, sino de mantener una evaluación constante de los ejemplares que, por su edad, tamaño o condiciones, puedan representar un riesgo.