Guadalupe Taddei concluye su gestión en el Instituto Nacional Electoral de forma tan polémica como fue su llegada: por insaculación y no por consenso.
Tras un periodo de tres años y seis meses marcado por conflictos institucionales y señalamientos de corrupción, Taddei cargará con el orgullo de ser la primera mujer en presidir el INE y la vergüenza de ser la primera en renunciar envuelta en un caso de conflicto de interés, dejando en entredicho la confiabilidad del Instituto.
Su salida se da luego de que saliera a la luz la relación entre la exconsejera y el empresario José Alfredo Hernández Casillas, la cual configuraba una red de complicidades al interior del organismo electoral:
El INE entregó un contrato por 197 millones de pesos tras anular una licitación formal.
El empresario le celebró a la exconsejera su cumpleaños número 62 y asistía a sus reuniones privadas.
Le pagó a uno de los hijos de Taddei un lujoso viaje a París con hospedaje de 200 mil pesos la noche.
Todo esto mientras la ASF y la UIF detectaban desvíos e irregularidades por 514 millones de pesos.
Este lunes, la consejera presidenta entregó su carta de renuncia a la Cámara de Diputados, asegurando que se retira "con la satisfacción del deber cumplido". Pero su renuncia no debe servir como una vía de impunidad: las investigaciones deben llegar hasta las últimas consecuencias y, de resultar culpable, responder ante la ley.
Mientras tanto, el presidente de la Junta de Coordinación Política de San Lázaro, Ricardo Monreal, convocó a los líderes parlamentarios a una reunión este martes a las 8:30 de la mañana para definir los términos de la convocatoria. El miércoles, el pleno de la Cámara de Diputados votará dicha convocatoria para elegir a quien presidirá el órgano electoral, en un proceso que incluye evaluaciones y entrevistas; si no hay acuerdo, la designación podría definirse por insaculación, concluyendo en alrededor de cinco semanas.
El verdadero desafío para el Congreso no será únicamente encontrar a la persona adecuada para asumir la presidencia del órgano electoral, sino reconstruir la confianza y la certeza en la imparcialidad del INE en pleno proceso electoral.