Hablamos del cambio climático, pero es más que un tema ambiental. El calentamiento global impacta la agricultura, la pesca, la industria y el desarrollo de las ciudades, pero sobre todo la vida cotidiana y la salud de las personas.
Mientras el gobierno avanza lento en cumplir sus compromisos para reducir la emisión de gases contaminantes y carece de políticas suficientes para enfrentar los efectos del cambio climático, el incremento de temporadas de calor y las lluvias, parece no atender con mayor eficiencia el costo a la salud y la vida de la población.
Durante la temporada de calor 2025, entre marzo y octubre, 86 personas murieron por efecto de las altas temperaturas, la mayoría en Sonora.
En total fueron mil 811 casos de personas que sufrieron los efectos de las altas temperaturas.

Los peores años fueron 2023 y 2024, que en conjunto registraron ocho mil 313 casos de afectaciones por calor, que causaron 752 muertes.

Al inicio de la temporada de calor de 2026, del 26 de marzo al 13 de mayo, sumaban ya 13 fallecimientos, de 442 casos de impactos por el calor entre la población mexicana, de acuerdo con la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud.
"Durante mucho tiempo pensamos que cuando había ondas de calor los que se morían eran personas de la tercera edad, pero un estudio reciente que además fue en México muestra que el exceso de mortalidad es sobre todo en jóvenes", dijo Guillermo Murray Tortarolo, investigador del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM.
Para especialistas, lo que debe alertar a las autoridades es el incremento en el número de fallecimientos por efectos del calor asociados al calentamiento global y otros fenómenos climáticos recurrentes.
¿Qué estamos dejando de ver?
En un mundo globalizado y saturado de plataformas digitales, lo que tenemos es demasiada información que genera el efecto contrario? desinformación.
"Si uno le pone cambio climático en el internet, le aparecen todas las mentiras y exageraciones de este mundo y a muchos les gusta colgarse de eso para decir, ah, pongan un trono de oro porque yo soy el único que les puede salvar la vida", advierte Víctor Magaña Rueda, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM.
"Ahora todas las redes sociales están copadas de este tipo de noticias y se tiende sí a veces a sobre alertar o sobre informar, pero los fenómenos sí existen y sí están y han estado. Son oscilaciones que las hemos observado por lo menos en los últimos 80 años que es que hay observaciones", complementa Reinaldo Pascual Ramírez, jefe de Proyecto de Pronóstico Estacional del Servicio Meteorológico Nacional.
¿De dónde viene esta saturación informativa?
Hace décadas que organizaciones ambientalistas y la comunidad científica alertaron sobre el calentamiento gradual de la temperatura de la Tierra por los efectos de los gases de efecto invernadero; es decir, todos los gases provocados por la quema de combustibles fósiles derivados del petróleo, como el smog.
"Ese que estamos viendo en particular en este momento es causado definitivamente por los seres humanos. ¿Qué es específicamente lo que está pasando? Estamos tomando carbono y que estaba en el subsuelo en forma de combustibles fósiles y lo estamos emitiendo la atmósfera en forma de gases de efecto invernadero", explica Guillermo Murray, investigador del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM.
"Y entonces, conforme aumenta la concentración de gases efecto invernadero, una primera aproximación nos dice que más energía se queda atrapada, más energía eleva un poco más la temperatura, hace que entonces la temperatura la cual va a emitir el planeta sea un poco mayor para lograr ese equilibrio", dice Víctor Magaña, del Instituto de Geografía de la UNAM.
En 2015, la mayoría de los países miembros de las Naciones Unidas firmaron los Acuerdos de Paris, con la promesa de reducir la emisión de gases de efecto invernadero y establecer políticas públicas para adaptarnos a este cambio climático.
Como país no estamos cumpliendo los compromisos internacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y menos en materia de adaptación, por lo que difícilmente llegaremos a las metas planteadas para el 2030.
Guillermo Murray, investigador de la UNAM y especialista en sequías, afirma que no vamos a cumplir los compromisos.
"En términos de mitigación vamos mal, súper mal. Íbamos muy bien después del 2012, se creó la Ley General de Cambio Climático y de ahí veníamos disminuyendo emisiones, hasta que empezamos a utilizar otra vez combustibles fósiles y de ahí han ido otra vez para arriba, los últimos años dos años han sido récord de emisiones".
El Acuerdo de Paris, firmado por 196 países, estableció limitar el calentamiento del planeta a 1.5 grados Celsius arriba de los niveles pre industriales de hace 150 años.
Los modelos climáticos estiman que a mediados del presente siglo, la temperatura estará entre 2.5 y 2.9 grados por encima de los niveles previos a la segunda revolución industrial de finales del Siglo XIX.
En 2015, México se comprometió a reducir 22 por ciento la emisión de gases de efecto invernadero, meta que incrementó al 35 por ciento para 2020.
Pero en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el gobierno regresó al consumo de combustibles fósiles y dejó de invertir en energías limpias, como destaca Marcos Ripoll, socio fundador de Solar 180, especialista en generación de energía fotovoltáica.
"México se ha quedado retrasada en la última década aproximadamente pues debido sobre todo pues a la falta de inversión, no había recursos y se ha priorizado pues otras tecnologías y otras inversiones".
"Cuando emitimos estos gases de efecto invernadero, cambiamos la composición química de la atmósfera, lo que hace que atrape la radiación solar que se hubiera escapado de vuelta al espacio, entonces, se captura esta radiación y entonces lo que tenemos es que el planeta se calienta".
Sin embargo, los especialistas advierten sobre el riesgo de mezclar el calentamiento del planeta con los cambios climáticos que la Tierra ha experimentado por millones de años.
"Si efectivamente en las últimas décadas o en el último siglo han cambiado cosas como las sequías, los periodos de lluvias, etcétera, eso le llamamos detección, pero luego viene lo que llamamos atribución, cómo demostrar científicamente que el que estemos viviendo un periodo de sequías tiene que ver con ese proceso de calentamiento", dice el investigador Víctor Magaña Rueda.
¿Qué ha pasado recientemente?
En los últimos años México ha enfrentado sequías severas con un impacto negativo en la producción agrícola, especialmente en los estados del norte.

De 2018 a 2023, la sequía en México impactó negativamente al agro, causando pérdidas por 102 mil millones de pesos al año, por afectaciones en 2.8 millones de hectáreas de cultivo, especialmente de maíz, frijol y pastos, con el consecuente incremento de precios en los alimentos.
De acuerdo con el Monitor de Sequía en México del Servicio Meteorológico Nacional, 2011, 2024 y 2025 han sido los años con mayores sequías en el territorio nacional, que impactaron hasta 40 por ciento del territorio nacional.

A la par, hemos visto un incremento en el número de incendios forestales. Los años más críticos fueron 2023, 2024 y 2025, pues los incendios quemaron en total 3.8 millones de hectáreas de bosques, selvas y pastizales.
"En México uno de los grandes efectos del cambio climático es que está cambiando cómo se distribuye la época de lluvias. Básicamente está haciendo que la época de sequías, el estiaje sea más largo y aunque en realidad sigue lloviendo más o menos lo mismo, llueve en menos meses", comenta Guillermo Murray, investigador de la UNAM.
Y sobre esto, Víctor Magaña asegura que no todo se puede achacar al calentamiento global.
"Hay un reto que es de grandes dimensiones, que es diferenciar qué de lo que estamos viendo tiene que ver con cambio climático y cuál es la lo que llamamos la variabilidad natural del clima. Siempre ha habido sequías, siempre ha habido años con muchas lluvias, siempre ha habido años fríos, años cálidos, etcétera".
Y es que ahora hay otro componente mediático, que es el fenómeno de El Niño, que ahora alertan será el más intenso de la historia.
"Se espera que sea el Niño más fuerte que hemos tenido en el registro reciente, desde 1900. Nada más para compararlo, 1998 fue el año más fuerte que habíamos tenido y a nivel nacional fue un desastre ecológico, se prendieron fuego nuestras selvas, este, hizo muchísimo calor", recuerda Guillermo Murray.
"Empezamos el año en la parte negativa de esta oscilación que se llama la niña. Estamos en estos meses en la transición hacia la parte neutral. Aún no estamos en el niño. Los pronósticos dicen que este niño va a evolucionar ya en la última parte del año y hay cierta probabilidad de que sí sea un Niño, digamos, de intensidad fuerte y eso es lo que los medios le han llamado el Súper Niño", agrega Reinaldo Pascual, jefe de Proyecto de Pronóstico Estacional del Servicio Meteorológico Nacional.
Sin embargo, los propios especialistas aclaran que los efectos de este fenómeno de El Niño, se reportarían en los meses de calor de 2027.
"Lo que sí sabemos por tendencias de largo plazo es que podrían verse intensificadas las temperaturas en esos primeros meses de 2027", agrega Pascual.
¿Cómo aprovechar la información que se genera sobre este fenómeno y sobre el cambio climático?
Uno de los objetivos debería ser el fortalecimiento de los atlas de riesgo y las políticas de gestión integral de riesgo y protección civil.
Reinaldo Pascual del Meteorológico recuerda que "el Servicio Meteorológico Nacional genera y difunde esta información. Tiene redes de observación en donde está registrando cuánta lluvia, cuánta temperatura se ha estado observando en los últimos tiempos. Y ya la parte del diseño de atlas de riesgos ya cae en otra institución que es el centro Nacional de Previsión de Desastres".
Y es aquí donde enfrentamos los mayores retos.
Al 15 de mayo de 2026, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) reconoce que sólo 700 municipios cuentan con un atlas de riesgos, apenas 28 por ciento de los dos mil 478 municipios que hay en el país.
Y no significa que todos los atlas de riesgos estén actualizados; muchos datan del año 2000, como el de Tijuana, Baja California, y otros de 2005, como el de Huauchinango, Puebla, o 2006, como el de Veracruz, Veracruz, lo que los vuelve inútiles ante situaciones de emergencia.

"Yo espero que se transite de una visión eh de generar un atlas cada 8 años, a tener a una cuestión más auto actualizable, o sea, que cada año se pueda reactualizar esto tipo de información para revaluar los riesgos", comenta el investigador Murray Tortarolo.
Y más, si estos atlas se hacen sin considerar estudios científicos serios, en vez de responder a momentos políticos, como afirma Víctor Magaña.
"Pues porque a veces la política pública también es ignorante en materia científica. Y cuando la gente entiende realmente qué significa riesgo, que debiera ser el caso de las autoridades de Protección Civil o de gestión integral de riesgo, entonces tendrían que saber que no se necesita un pronóstico exacto, que lo que se necesita es saber si el riesgo que voy a enfrentar ante tal condición es inaceptable o crítico".
Para los especialistas, el cambio climático, el calentamiento global y los fenómenos recurrentes como El Niño, no deben verse de forma aislada, más bien como recursos y datos que sirvan para mejorar políticas públicas en beneficio del medio ambiente y de la población.