Mujeres llegan a la vejez con mayor vulnerabilidad económica
Economía

Mujeres llegan a la vejez con mayor vulnerabilidad económica

Por: Arabella Aceves
Guaymas
Fecha: 21-10-2026

MUJERES ADULTAS MAYORES EN MÉXICO ENFRENTAN MAYOR PRECARIEDAD ECONÓMICA


Las mujeres adultas mayores en México enfrentan mayores riesgos de precariedad económica durante la vejez debido a las desigualdades que han marcado su participación en el mercado laboral, el acceso a la seguridad social y las oportunidades de generar ingresos propios. A lo largo de su vida, muchas han realizado trabajos remunerados y actividades domésticas y de cuidados sin recibir una remuneración, situación que puede limitar sus posibilidades de contar con una pensión suficiente al llegar a la edad de retiro.


Esta problemática refleja una brecha de género que no desaparece con el paso de los años, sino que puede profundizarse durante la vejez, especialmente entre quienes trabajaron durante largos periodos en la informalidad, interrumpieron su trayectoria laboral para atender a sus familias o tuvieron empleos con salarios bajos.


DESIGUALDAD LABORAL A LO LARGO DE LA VIDA


Uno de los principales factores que explican la vulnerabilidad económica de las mujeres adultas mayores es la desigualdad que enfrentan en el mercado laboral. Históricamente, las mujeres han tenido mayores obstáculos para acceder a empleos formales, ocupar puestos mejor remunerados y desarrollar trayectorias laborales continuas.


A estas dificultades se suman las responsabilidades de cuidado de niñas, niños, personas enfermas y familiares adultos mayores, tareas que con frecuencia recaen en las mujeres sin una distribución equitativa dentro de los hogares. Como consecuencia, muchas reducen sus jornadas laborales, abandonan temporalmente sus empleos o se incorporan a actividades informales para compatibilizar el trabajo con las responsabilidades familiares.


Estas interrupciones pueden traducirse en menores ingresos acumulados, menos semanas de cotización ante las instituciones de seguridad social y una menor capacidad para ahorrar durante la vida productiva.


PENSIONES INSUFICIENTES Y FALTA DE SEGURIDAD SOCIAL


La falta de acceso continuo a empleos formales constituye otro de los desafíos para las mujeres que llegan a la vejez. Quienes no reúnen los requisitos de cotización para obtener una pensión contributiva pueden depender de otros ingresos, del apoyo de sus familiares o de programas públicos.


Incluso entre quienes cuentan con una pensión, el monto recibido puede resultar insuficiente para cubrir gastos esenciales como alimentación, vivienda, servicios, transporte y medicamentos. Esta situación se vuelve más compleja cuando existen problemas de salud, necesidades de asistencia o ausencia de redes familiares de apoyo.


La precariedad económica también puede limitar la autonomía de las mujeres adultas mayores, al reducir sus posibilidades de tomar decisiones sobre sus recursos y cubrir sus necesidades sin depender de otras personas.


EL TRABAJO DOMÉSTICO Y DE CUIDADOS, UNA LABOR POCO RECONOCIDA


El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa una de las causas estructurales de la desigualdad económica entre hombres y mujeres. Durante décadas, muchas mujeres han dedicado gran parte de su tiempo a mantener sus hogares y cuidar a sus familiares, sin recibir un salario ni generar derechos laborales por esas actividades.


Aunque estas labores son indispensables para el funcionamiento de las familias y la sociedad, su falta de remuneración puede traducirse en desventajas económicas a largo plazo. Al llegar a la vejez, quienes dedicaron años al cuidado de otras personas pueden encontrarse sin ahorros suficientes, una pensión propia o una fuente estable de ingresos.


Por ello, reconocer el valor económico y social de los cuidados resulta fundamental para comprender las condiciones de vulnerabilidad que enfrentan numerosas mujeres adultas mayores.


PROGRAMAS SOCIALES Y RETOS PENDIENTES


Los apoyos gubernamentales dirigidos a las personas adultas mayores representan una fuente importante de ingresos para quienes no cuentan con una pensión o tienen recursos limitados. Sin embargo, estas ayudas deben entenderse como parte de una estrategia más amplia para atender las desigualdades económicas acumuladas durante la vida.


Entre los principales retos se encuentran ampliar las oportunidades de empleo formal para las mujeres, fortalecer el acceso a la seguridad social, promover una distribución equitativa de las responsabilidades de cuidado y facilitar el ahorro para el retiro.


También es necesario mejorar los mecanismos de protección para las mujeres adultas mayores que viven solas, carecen de redes de apoyo o enfrentan dificultades para acceder a servicios de salud y asistencia.


HACIA UNA VEJEZ CON MAYOR AUTONOMÍA ECONÓMICA


Reducir la precariedad económica de las mujeres adultas mayores requiere medidas que atiendan tanto las necesidades actuales como las causas que generan desigualdad a lo largo de la vida. Esto implica impulsar condiciones laborales equitativas, reconocer el trabajo no remunerado y garantizar que las mujeres tengan mayores oportunidades de construir un patrimonio y acceder a una jubilación digna.


La situación de este sector de la población evidencia que las desigualdades de género tienen consecuencias que pueden prolongarse durante décadas. Por ello, avanzar hacia una vejez con mayor seguridad económica no solo representa un desafío para las políticas sociales, sino también una responsabilidad colectiva para garantizar condiciones de vida dignas, autonomía y bienestar a las mujeres que han contribuido al desarrollo de sus familias y comunidades.


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