La inseguridad ha traspasado las calles para instalarse en los hogares, donde el miedo altera las rutinas
y debilita la convivencia familiar.
La violencia y el temor a ser víctima de un delito han comenzado a transformar la vida cotidiana de miles de personas en México, donde la percepción de inseguridad no solo limita la movilidad, sino que también afecta la convivencia familiar, las relaciones sociales y la estabilidad emocional.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en marzo de 2026, el 61.5% de los adultos en 91 áreas urbanas consideró inseguro vivir en su ciudad, lo que influye en sus hábitos para prevenir la delincuencia.

Durante el primer trimestre de 2025, la ENSU documentó que el 44.8% de la población modificó el hábito de llevar objetos de valor, mientras que el 42.2% limitó las salidas de menores de edad sin compañía. Asimismo, el 40.5% cambió la frecuencia con la que acostumbraba caminar de noche cerca de su vivienda y el 25.5% redujo las visitas a familiares o amistades.
Aunque estas medidas buscan proteger a las personas, el miedo constante a los robos, balaceras y desapariciones puede hacer que la gente deje de salir, visite menos a sus familiares y conviva menos con sus vecinos. Actividades cotidianas, como caminar por la noche o permitir que niñas y niños salgan sin compañía, se vuelven motivo de preocupación.
Además, presenciar hechos violentos o vivir con el temor de que algo pueda ocurrir puede generar miedo, angustia y preocupación. Cuando estas emociones se mantienen por mucho tiempo, pueden afectar el descanso y la salud, provocando insomnio, ansiedad, síntomas de depresión y molestias físicas relacionadas con el estrés.
"De entrada activa una hipervigilancia constante, es decir que el cerebro interpreta el entorno como una amenaza permanente. Se agotan los recursos emocionales a vivir en alerta sostenida. También se genera la sensación de que nada de lo que hagamos garantiza nuestra seguridad derivando en depresión ." señaló, la psicóloga docente, María Padilla.

Algunos de los estados, por ejemplo, con más casos de depresión en 2024 coinciden con aquellos con las tasas de homicidio más elevadas. No es un patrón que se cumple siempre, pero se observa en el caso de Guanajuato, Baja California, Chihuahua, Michoacán y Sinaloa.
Ante el aislamiento y el temor, especialistas recomiendan mantener la comunicación, buscar apoyo psicológico cuando el miedo afecta la vida cotidiana y promover espacios seguros de convivencia para fortalecer los vínculos comunitarios.
"Hay una somatización del miedo. Hay pesadillas ansiedad, hay pedos inseguros en los menores cuando hablamos de jóvenes hablamos de una de una población frustrada hay un aislamiento afectivo y hay una modificación forzada de rutinas de estudio, trabajo." señaló, la psicóloga docente, María Padilla.
La seguridad no solo consiste en evitar delitos, sino en garantizar que las personas vivan, convivan y se desarrollen sin temor constante.
