Dos modelos de prisión

Por: Emmanuel Alejandro Zapata López
León
Fecha: 14-08-2026

Miles de hombres rapados, vestidos de blanco y vigilados permanentemente, es la imagen del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) en El Salvador, el cual se convirtió en uno de los símbolos más conocidos de la estrategia de seguridad del presidente Nayib Bukele.

A más de 1,600 kilómetros de distancia, en los Centros Estatales de Prevención y Reinserción Social (Ceprereso) de Guanajuato, el panorama es completamente distinto. Y aunque ambos modelos tienen el mismo objetivo, evitar que quienes delinquen vuelvan a hacerlo, sus caminos son radicalmente diferentes.

El sistema penitenciario mexicano, sustentado en el artículo 18 de la Constitución, establece que la prisión debe orientarse a la reinserción social mediante cinco ejes fundamentales:

Educación. Trabajo. Capacitación para el empleo. Salud y deporte.

En contraste, en el CECOT las condiciones son extremadamente restrictivas. Los internos permanecen prácticamente todo el día en sus celdas, sin programas educativos, actividades recreativas o laborales permanentes, con iluminación constante, vigilancia las 24 horas y fuertes limitaciones para recibir visitas.


Dentro de los Ceprereso del estado, la rutina busca parecerse, en la medida de lo posible, a una jornada laboral o escolar.

Las personas privadas de la libertad pueden participar en:

Estudios de alfabetización, Talleres recreativos. Programas de trabajo remunerado. Actividades deportivas. Eventos culturales. Atención psicológica, y Programas contra las adicciones.

Especialistas en seguridad señalan que una cosa es reducir la violencia mientras los delincuentes permanecen encarcelados y otra muy distinta lograr que no vuelvan a delinquir después de salir.

En El Salvador, la disminución histórica de homicidios es uno de los principales argumentos.

Al final, más allá de las diferencias entre ambos sistemas, permanece una verdad ineludible: ninguna privación de la libertad deja de ser un castigo. Porque, aunque la jaula sea de oro, sigue siendo una prisión.




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