El cáncer de mama continúa siendo uno de los principales desafíos de salud pública para las mujeres, debido a que la detección oportuna puede mejorar las posibilidades de tratamiento y supervivencia.
Durante 2025, la Secretaría de Salud de Guanajuato informó que contaba con 17 mastógrafos funcionales para acercar estos estudios a las mujeres del estado y reportó 6 mil 733 mastografías de primera vez y subsecuentes, cifra que representó el 64.5% de la meta programada y en otro corte de ese año, los hospitales General de León y Materno Infantil realizaron 6 mil 60 estudios en los que se identificaron 229 mujeres con hallazgos sospechosos y 52 casos confirmados de cáncer. (Fuente Secretaría de Salud de Guanajuato)

El promedio de edad de las pacientes diagnosticadas
Fue de 53 años, aunque se registraron casos desde los 36 hasta los 88 años y estos datos muestran que, aunque la mastografía se dirige principalmente a mujeres de 40 a 69 años, cualquier cambio sospechoso requiere valoración médica sin importar la edad. (Fuente Secretaría de Salud de Guanajuato)

La detección temprana
Permite identificar alteraciones antes de que la enfermedad avance, por ello entre las principales recomendaciones se encuentra realizar la autoexploración mensual a partir de los 20 años, acudir a una exploración clínica desde los 25 y para mujeres de 40 a 69 años, realizarse una mastografía cada dos años, de acuerdo con las indicaciones médicas, sin embargo, factores como el miedo a recibir un diagnóstico, desinformación, gastos de traslado y dificultades para conseguir una cita pueden retrasar la atención. (Fuente Secretaría de Salud de Guanajuato)

Las señales de alerta
Incluyen bolitas en las mamas o axilas, cambios en el tamaño o la forma de los senos, hundimientos en la piel, alteraciones en el pezón y secreciones anormales y aunque la autoexploración ayuda a reconocer cambios, no sustituye los estudios médicos, ya que una mastografía puede detectar alteraciones que todavía no son palpables. (Fuente Secretaría de Salud de Guanajuato)
Ante este panorama, se tiene el desafío de fortalecer las campañas de prevención, ampliar la cobertura de detección en comunidades rurales y reducir los tiempos de espera para confirmar un diagnóstico y aunque la detección oportuna no garantiza la curación, puede aumentar las posibilidades de supervivencia y mejorar la calidad de vida.

Por ello, el reto no consiste únicamente en realizar mastografías, sino en garantizar que las mujeres reciban sus resultados, accedan a estudios complementarios y comiencen el tratamiento sin retrasos.