La violencia que golpea a México y otras partes del mundo no solamente debe combatirse con leyes y autoridades, también desde los hogares, donde se ha debilitado la formación de valores, la disciplina y la convivencia familiar, advirtió fray Raúl Hernández Martínez, director y rector de los colegios franciscanos de León.
El religioso consideró que la sociedad se ha vuelto cada vez más permisiva y que la falta de límites en la educación de niñas, niños y adolescentes está contribuyendo, desde su perspectiva, al deterioro del tejido social.
"Desafortunadamente, nuestra sociedad ha ido perdiendo paulatinamente los valores, no únicamente en México, sino en los países europeos", expresó.
Padres permisivos y falta de límites agravan el problema
Hernández Martínez cuestionó que, pese a la existencia de leyes, en ocasiones los propios padres de familia rechacen la intervención de las autoridades cuando sus hijos enfrentan consecuencias por sus conductas.

"Hay leyes, pero repito una vez más, en la sociedad nos hemos hecho muy permisivos", señaló.
Advirtió que, mientras no se recuperen las normas de convivencia y la responsabilidad familiar, será complicado revertir la violencia.
El franciscano también manifestó preocupación por el uso de redes sociales entre menores de edad. Reconoció sus beneficios tecnológicos, pero alertó sobre los riesgos cuando no existe acompañamiento de padres o tutores.
Barrios tradicionales de León también enfrentan cambios familiares
Originario del barrio de El Coecillo, el sacerdote recordó que colonias tradicionales como San Miguel y el Barrio Arriba han experimentado transformaciones sociales y económicas que también han modificado la convivencia entre sus habitantes.

Señaló que el crecimiento comercial, las jornadas laborales de ambos padres y las separaciones familiares han cambiado las dinámicas de crianza.
"Si la familia se descompone, se descompone toda la sociedad", expresó al recordar una enseñanza de San Juan Pablo II.
Pide recuperar educación, disciplina y convivencia desde los hogares
Finalmente, llamó a los padres de familia a involucrarse directamente en la formación de sus hijos, establecer horarios, asignar responsabilidades domésticas y mantener una comunicación permanente.
Para el religioso, recuperar la convivencia familiar y fortalecer la educación desde la infancia son medidas fundamentales para prevenir conductas violentas y reconstruir el tejido social.
Su llamado se centró en que la responsabilidad de formar a las nuevas generaciones no puede recaer exclusivamente en las escuelas o las autoridades, sino que debe comenzar dentro de cada hogar.