En un despliegue logístico de alta complejidad, arribó al puerto un equipo de gran magnitud presuntamente para la planta de Proman-GPO, considerado el componente central y el "corazón" operativo para la futura producción de amoníaco a gran escala en Topolobampo.
El traslado de esta estructura llegó por vía marítima y fue movilizado lentamente hacia el sitio de la obra bajo un estricto operativo de seguridad vial e industrial.
Avance industrial vs. rechazo social
A pesar de la relevancia técnica que este equipamiento representa para los inversionistas y los sectores que apoyan el proyecto, el arribo del equipo ocurre en medio de un clima de persistente tensión social. Desde el anuncio de su construcción, diversos colectivos ciudadanos, comunidades indígenas y organizaciones ambientalistas locales han manifestado un firme rechazo a la instalación de la planta de amoníaco en la bahía de Topolobampo.
Los opositores al proyecto argumentan que la operación de una industria de esta magnitud representa un riesgo latente para el ecosistema protegido de las lagunas locales (sitio Ramsar), la biodiversidad marina y las actividades pesqueras de las que dependen cientos de familias de la sindicatura. Asimismo, activistas han señalado de manera constante su preocupación por la seguridad de las poblaciones aledañas ante el manejo de sustancias químicas de alta peligrosidad, manteniendo una postura de resistencia frente al avance de la infraestructura.
Impacto económico
Mientras la empresa prevé iniciar operaciones en 2027 y destaca una inversión total de 5 mil 600 millones de dólares, la generación de más de 3 mil empleos durante la construcción y 450 puestos permanentes en la etapa operativa.
