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Tzintzuntzan, cuna del primer convento franciscano en Michoacán
Cultura

Tzintzuntzan, cuna del primer convento franciscano en Michoacán

Por: Marvely Garnica
Morelia
Fecha: 30-08-2025

En 1525, llegaron a Tzintzuntzan los primeros frailes franciscanos encabezados por fray Martín de Jesús de la Coruña.

Casi enseguida nació la nueva arquitectura religiosa en forma de rústico templo: un primitivo convento de adobe y paja dedicado a Santa Ana.


Hacia 1530, los franciscanos se asentaron en este lugar en un monasterio provisional; sería a finales del siglo XVI cuando construyeron el definitivo, bajo la dirección de fray Pedro de Pila, con la participación purépecha y reutilizando los janamus (lajas de piedra) en ocasiones con grabados extraidos de los antiguos templos.

La monumental obra debió ser interrumpida varias veces por las brutales epidemias que diezmaron a los indígenas.


Fray Pedro de Pila emprendió la reconstrucción del templo y del convento de Tzintzuntzan, y que terminó en los albores del siglo XVII poco antes de su muerte.

El caustro es el espacio central del convento, recinto privado para la meditación cotidiana escenario de las procesiones dictadas por el calendario litúrgico. Data de finales del siglo XVI y principios del XVII, y es de dos plantas. En el centro de los claustros había fuentes y árboles, muy comunes eran los naranjos.

Los corredores ostentan murales al fresco que datan de los siglos XVI al XIX


Se trata de pinturas que servían a los religiosos como un recordatorio cotidiano de la regla de la orden franciscana con temas doctrinales.

Aunque no existen documentos sobre el noviciado de Tzintzuntzan, sabemos que algunos frailes estudiaron aquí. En la orden franciscana, los novicios ingresaban entre los 13 y los 15 años y eran puestos a prueba durante doce meses; si la superaban, eran aceptados en calidad de hermanos.

Les rasuraban un rodete de cabello; entregaban la capa con capucha y el cordón en solemne ceremonia, donde formulaban sus votos de pobreza, castidad y obediencia.

La capilla de Santa Ana estaba en la parte alta del pueblo; los frailes la mudaron a donde hoy está el convento, lugar que pronto se convirtió en el centro evangelizador de la región.



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