Un puente roto: escuelas y la memoria histórica de Sonora


Durante un congreso reciente, cronistas y ponentes expusieron que los jóvenes de hoy no están necesariamente desinteresados en su historia, sino que se enfrentan a una serie de barreras sociales, tecnológicas y educativas que dificultan este vínculo.


La paradoja de mirar lejos sin ver lo cercano

Los jóvenes actuales tienen acceso inmediato a información de todo el planeta a través de sus teléfonos. Esto genera la paradoja de que pueden conocer al instante lo que ocurre en ciudades lejanas como Tokio o Nueva York, pero desconocen por completo la historia de la montaña que ven a diario desde sus casas, el origen de los nombres de sus calles o a los personajes que construyeron su propia comunidad.

El fenómeno tiene respaldo estadístico: el grupo de edad que más utiliza internet en México es el de 15 a 24 años, con una penetración del 97.6%, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025 del INEGI. Los jóvenes adultos de 18 a 24 años registran, además, el uso diario de internet más alto del país, con 5.9 horas al día ?más de 2,100 horas al año frente a una pantalla?, de los cuales 3 horas y 12 minutos diarios se destinan específicamente a redes sociales.


Una "juventud con prisa"

El estilo de vida moderno mantiene a los jóvenes sumamente ocupados con la escuela, tareas, actividades extracurriculares, deportes, redes sociales y compromisos familiares. Esta sobrecarga de actividades, sumada a la presión de cumplir expectativas externas y compararse constantemente con los demás, genera un cansancio emocional que les deja muy poco espacio y tiempo para detenerse, respirar y reflexionar sobre su identidad o sus raíces.


El distanciamiento no es apatía, es falta de códigos

Los ponentes coincidieron en que el distanciamiento no se debe a la apatía de la juventud, sino a la falta de códigos adecuados por parte de los adultos para enseñarles historia y permitirles que ellos mismos la asimilen y comuniquen a través de sus propios medios. Con frecuencia, los jóvenes no conectan con la historia municipal simplemente porque los adultos no les hablan de ella o se limitan a dialogar únicamente entre especialistas y cronistas.



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