172 años del Himno Nacional: la historia que vive detrás de sus versos
Hay canciones que aprendemos desde niños, que aparecen en los lunes de escuela, en las ceremonias oficiales y, por supuesto, en cada septiembre. Las cantamos casi de memoria, pero pocas veces nos detenemos a pensar cómo llegaron hasta nosotros, este 15 de septiembre, mientras México se prepara para celebrar su Independencia, también se cumplen 172 años de la primera interpretación pública del Himno Nacional Mexicano.
Fue un 15 de septiembre de 1854, en el entonces Gran Teatro Nacional Santa Anna de la Ciudad de México, donde una compañía de ópera italiana, dirigida por Giovanni Bottesini, presentó por primera vez aquella composición que con los años terminaría acompañando algunos de los momentos más solemnes del país.
Y para llegar hasta ese escenario, la historia tuvo que pasar primero por una habitación, unas hojas de papel y una curiosa dosis de presión familiar.

Un himno que casi no nace
Todo comenzó con una convocatoria, el gobierno de Antonio López de Santa Anna abrió el 12 de noviembre de 1853 un concurso para encontrar la letra de lo que sería el Himno Nacional, los participantes tenían apenas 20 días para entregar sus propuestas, entre quienes podían hacerlo estaba el poeta potosino Francisco González Bocanegra.
Pero Bocanegra no parecía convencido, era un hombre reservado, dedicado principalmente a la poesía lírica y romántica, y no se consideraba precisamente el candidato ideal para escribir un canto patriótico de semejante importancia, su familia y sus personas cercanas, sin embargo, conocían su talento.
Y fue entonces cuando apareció Guadalupe González del Pino Villalpando, su prima y prometida, quien, según la tradición histórica, decidió ayudarlo de una manera bastante peculiar.

La habitación donde nació la letra
Guadalupe habría llevado a Bocanegra hasta una habitación de su casa, ubicada en la entonces calle de Santa Clara, hoy calle de Tacuba, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, la habitación ya estaba preparada: papel, tinta y libros de historia esperaban sobre un escritorio y entonces ocurrió la parte más famosa de la historia.
Según el relato, Guadalupe cerró la puerta con llave y le dejó claro al poeta que no saldría de ahí hasta que escribiera una propuesta digna para el concurso, la anécdota tiene todos los ingredientes de una buena historia familiar: un poeta que no quería participar, una mujer decidida a convencerlo y una fecha límite que estaba prácticamente encima y al parecer, funcionó.
La tradición cuenta que Bocanegra escribió las diez estrofas originales en alrededor de cuatro horas, cuando terminó, deslizó los versos por debajo de la puerta, Guadalupe los leyó, quedó maravillada y finalmente abrió la puerta,quellas hojas terminarían convirtiéndose en la letra del Himno Nacional.
El 3 de febrero de 1854, el jurado anunció que la propuesta de González Bocanegra había sido la ganadora.

Bocanegra puso las palabras; Nuno la música
La letra todavía necesitaba encontrar una melodía, esa parte correspondió al compositor español Jaime Nunó, cuya música acompañó los versos de Bocanegra, así, meses después, ambos trabajos llegaron juntos al escenario del Teatro Santa Anna.
El 15 de septiembre de 1854, una compañía de ópera italiana dirigida por Giovanni Bottesini realizó la primera interpretación pública, había nacido oficialmente una de las composiciones que terminarían formando parte de la identidad sonora de México.
Aunque el himno que conocemos hoy no es exactamente aquel que se estrenó aquella noche, el texto original tenía diez estrofas y un coro, con el paso de los años, su utilización fue modificándose hasta que, mediante un decreto expedido en 1943 durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho, quedó establecida la versión oficial que actualmente conocemos, integrada por cuatro estrofas y el coro.

¿Por qué a veces suena más agudo?
Hay otro pequeño detalle que quizá hayas notado alguna vez, el Himno Nacional fue compuesto originalmente en Mi bemol mayor, una tonalidad exigente para la voz de muchas personas, por eso, en escuelas, ceremonias civiles y otras interpretaciones suele adaptarse a tonalidades más cómodas, como Do mayor o Si bemol mayor.
En las ceremonias solemnes de las Fuerzas Armadas suele conservarse el tono original, por eso puede escucharse más agudo, brillante y potente, no es otro himno ni una versión secreta: es la misma música, interpretada en una tonalidad diferente.
Y quizá por eso vale la pena detenernos un momento este 15 de septiembre, porque cuando miles de mexicanos vuelvan a cantar esta noche una canción que conocen desde niños, estarán repitiendo versos escritos hace 172 años, por un poeta que, según la tradición, necesitó un pequeño empujón, y una puerta cerrada con llave, para ponerlos sobre el papel.
A veces la historia no está solamente en las grandes batallas o en los nombres que aparecen en los libros, aveces también está en una habitación, cuatro horas de inspiración y unas hojas de papel que terminaron convirtiéndose en parte de lo que somos.
