Este 2026 se conmemoran 300 años del inicio de la construcción del Acueducto de Querétaro, obra monumental que definió el desarrollo de la capital queretana. Aunque hoy es el principal referente de identidad local, la edificación de sus 74 arcos, concluida originalmente en 1738, surgió como una respuesta urgente ante la crisis de escasez hídrica y la falta de agua potable que afectaba a la población desde la fundación de la ciudad.
El monumento, que atraviesa la zona céntrica de la urbe, representa no solo una proeza arquitectónica del siglo XVIII, sino también el registro histórico de los problemas de salud pública en la región. Durante sus primeras etapas de funcionamiento, el suministro enfrentó graves deficiencias de higiene.
Ana Cecilia Figueroa, historiadora de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), señala que el sistema operó hasta las décadas de 1920 y 1930, cuando se cambió al uso de pozos debido a la contaminación del agua que bajaba de La Cañada, pues la tubería de barro llenaba de bacterias el líquido. "Hay un dictamen de salud federal que dice: 'Yo no sé cómo esta gente no está toda muerta, está infestado de bacterias. Esa agua no es potable'", explicó la académica sobre la situación sanitaria de la época.

Vulnerabilidad estructural y riesgos modernos
En la historia contemporánea, la integridad física de los arcos ha estado bajo escrutinio debido al crecimiento urbano y proyectos de infraestructura. Informes técnicos del Instituto Mexicano del Transporte revelaron que, durante las obras de modernización vial realizadas en 2014, el monumento perdió un 5% de su rigidez estructural en un periodo de cuatro meses de monitoreo. Si bien no se confirmó un daño permanente, los datos indicaron que las vibraciones superaron los límites de seguridad previstos.
Casi al mismo tiempo, la construcción del complejo residencial Barrio Santiago generó alertas entre especialistas por posibles hundimientos. Al respecto, Viridiana Nava, entonces presidenta del Colegio de Arquitectos, señaló la necesidad de realizar "una visita visual para evaluar y hacer recomendaciones si se requiere algún estudio o monitoreo adicional para evaluar el dictamen correspondiente".
Impactos sociales y eventos recientes
El Acueducto también ha sido escenario de sucesos sociales y climáticos significativos. En 2019, las autoridades municipales instalaron medidas de protección con una inversión cercana a los 100 mil pesos para restringir el acceso a la parte superior del monumento, tras registrarse incidentes de seguridad pública.
Asimismo, la estructura ha requerido la intervención del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en diversas ocasiones. En septiembre de 2020, se realizaron trabajos de restauración tras actos de iconoclasia, y en septiembre de 2025, el organismo supervisó la reparación de losas dañadas por el impacto de un rayo, descartando daños estructurales profundos.
A tres siglos de su construcción, el Acueducto de Querétaro persiste como un testigo de la evolución urbana, enfrentando el desgaste natural y la presión constante de una ciudad en expansión.
