Con la llegada de noviembre, la flor de cempasúchil vuelve a teñir de amarillo y naranja hogares, altares, ofrendas y panteones de México. Considerada un símbolo de vida y muerte, esta flor marca el camino para quienes regresan a visitar a sus seres queridos durante el Día de Muertos.
La flor de cempasúchil, también conocida como cempoaltxóchil, flor de muerto o flor de los 400 pétalos, es una planta de tonalidades intensas. Desde la época prehispánica, los mexicas la asociaban con el sol. La colocaban en las tumbas porque creían que guardaba la tibieza del día, y que su fuerte aroma y color guiaban a los muertos de regreso al mundo de los vivos.
Durante la celebración, el cempasúchil adorna los hogares mexicanos, los altares y las ofrendas. En los cementerios, los pétalos forman caminos amarillos que, según la tradición, indican a las almas el trayecto hacia quienes las esperan.

"El olor a cempasúchil es el indicativo de que ya vienen, de que ya llegan aquellos seres queridos que partieron".
Para muchas familias, ese aroma es la señal de que el vínculo con quienes partieron sigue intacto.
Más allá de su uso ornamental, el cempasúchil concentra la memoria. Las fotografías colocadas en los altares, junto con la flor, guardan las anécdotas vividas y las historias que no alcanzaron a contarse con palabras.
En el Día de Muertos, la magia radica en ese reencuentro. Aunque el corazón ha muerto, el amor permanece, y la flor mística se convierte en puente entre dos mundos.