Vestida con túnica, guadaña en mano y corona en la cabeza, así es como millones de mexicanos imaginan a la Santa Muerte. Una devoción que, aunque no es reconocida por ninguna iglesia oficial, cada 1 de noviembre llena calles, casas y altares en todo el país.
Para sus fieles "La Niña Blanca" es abogada, protectora y quien cumple milagros. Para otros es un símbolo ligado a la violencia. En medio de ambos discursos, el culto sigue expandiéndose.
El culto mezcla elementos prehispánicos de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, dioses mexicas de la muerte, con la tradición católica de venerar santos. Antropólogos ubican su auge moderno en los años 90, dentro de las cárceles de la CDMX.
Cada color de la imagen tiene una petición específica:
Blanca: Purificación y protección general
Roja: Amor y unión de parejas
Dorada: Dinero, trabajo y negocios
Negra: Protección contra brujería y enemigos
Verde: Asuntos legales y de justicia
El altar más grande del mundo, está en Tepito, CDMX y cada primer día de mes se realiza una misa y el 1 de noviembre se hace la celebración más grande. En 2025 se calculó una asistencia de más de 5 mil personas.
Se estima que más de 5 millones de devotos en México. Los estados con mayor presencia son: CDMX, Estado de México, Veracruz, Sonora, Tamaulipas, Michoacán y Guanajuato.
En ciudades como León, Irapuato, han aparecido capillas y altares públicos. Muchos comerciantes y transportistas la colocan en sus negocios "para que no falte el trabajo y haya protección".