A 1580 metros sobre el nivel del mar, al interior de la comunidad Nahua de Santa María Coapan, un cañón formado por un arroyo intermitente, con diversos abrigos rocosos a lo largo de sus dos riveras; resguarda probablemente 10 mil años de las reminiscentes abstracciones y cosmovisiones humanas que permitieron procesos civilizatorios, el desarrollo social y dieron pase a las grandes urbes; se trata del arte rupestre en Tehuacán, que da fe de su pasado nómada.

"El arte rupestre está conformado por pinturas, grabados, geoglifos, piedras pequeñas grabadas o pintadas; rupers es piedra, el arte rupestre o las manifestaciones gráfico-rupestre son esas que se expresan técnicamente asentando pigmentos, alterando matriz rocosa en el grabado y haciendo figuras en grandes extensiones de terreno", puntualizó el Doctor Francisco Mendiola Galván, Coordinador Nacional de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Los resultados preliminares de la inspección al "Cañón de las Manitas en Coapan", a finales de junio de 2025, permitió que a finales de agosto de ese mismo año el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) emitiera un dictamen de autenticidad de las pinturas rupestres en el sitio, localizado en el entorno de la Reserva de la Biosfera Tehuacán- Cuicatlán, escenario de procesos fundamentales de la historia de América.
LOS DOS ABRIGOS ROCOSOS CON PINTURAS RUPESTRES DE APROXIMADAMENTE 10 MIL AÑOS
En el sitio fueron detectadas cuatro unidades arqueológicas, denominadas técnicamente como "tinajas" (de la 1 a la 4), mismas que presentan un estado de conservación medio. La tina I, se trata de un abrigo rocoso de 13 metros de largo por 4.5 metros de alto y 50 centímetros de profundidad, con "manos al positivo" creadas con lodo en color claro, así como en negro (una mezcla de carbón con algún aglutinante aún sin identificar).

De acuerdo con el Instituto, la tinaja "I" cuenta con más de 30 representaciones de manos en negativo y positivo elaboradas con la técnica de "estarcido" en pigmento blanco sobre fondo negro, es decir, solían dispersar los pigmentos a través del aire con una cerbatana o popote, permitiendo la impronta al negativo de un elemento como es la mano o el antebrazo, una vez que los pigmentos caían sobre la matriz rocosa, una técnica que se usó en muchos lugares del mundo; en la tinaja "II" se observaron 3 improntas similares; la antigüedad de ambas se estima en 10 mil años; parecen haber servido como espacios ceremoniales de grupos nómadas; aunque no se puede dar una fecha exacta ya que para ello se necesita una serie de procedimientos de orden fisicoquímico y una serie de investigaciones a fin de ofrecer cronologías absolutas.
"La fuerza estética de este espacio es enorme y da elementos no solo para la identidad cultural, sino también para la educación, la formación de conciencia universal, porque son estas las huellas de un pasado cultural que habla de la capacidad de abstracción del ser humano que nos precede, que da base para el desarrollo social y de procesos civilizatorios y de grandes urbes como lo es Tehuacán", destacó Mendiola Galván.
Estos resultados preliminares confirman la presencia de grupos nómadas muy antiguos en Tehuacán, de los que no se descarta la posibilidad de situarlos en la prehistoria; pero existen otras representaciones que abren la posibilidad al paso de diferentes culturas.