Cuando las instituciones no inspiran confianza, las mujeres hacen lo que han hecho históricamente: organizarse. En municipios de alto riesgo, la desconfianza hacia las policías y las fiscalías ha llevado a colectivos de mujeres a construir redes autónomas de autodefensa, acompañamiento legal y búsqueda. No lo hacen por vocación sustitutiva del Estado, sino para sobrevivir.
COLECTIVOS ACTÚAN ANTE AUSENCIA DE LA JUSTICIA
Aunque cada colectivo tiene su propia dinámica y muchos prefieren mantener bajo perfil por seguridad, estas redes suelen compartir un esquema reconocible en municipios como Ecatepec, Nezahualcóyotl o Toluca:

Que las mujeres tengan que organizar sus propias células de búsqueda y acompañamiento es el indicador más claro de una falla institucional. Estas redes no deberían ser la columna vertebral de la respuesta, pero hoy lo son. Cargan además con riesgos considerables: amenazas, desgaste emocional, falta de recursos y exposición ante los mismos agresores.
Lo que piden es básico: investigaciones con debida diligencia, información clara a las familias, personal formado y recursos suficientes, y que la autoridad deje de tratar cada caso como un trámite aislado. Mientras eso no ocurra, la alerta de género seguirá siendo, para muchas mujeres, un documento que existe más en el papel que en la calle.