Convertirse en la décima economía del mundo para 2030 no garantizará mejores condiciones de vida para la población si el crecimiento económico no se traduce en mayores ingresos, empleos formales y oportunidades. En el Estado de México, los indicadores de competitividad y trabajo muestran que, pese a sus fortalezas productivas, persisten rezagos que ponen en perspectiva los beneficios de la expansión económica.
Dante León Ortega, especialista en economía, consideró que el desarrollo debe distinguirse del crecimiento, porque no basta con aumentar la producción: también es necesario que los beneficios alcancen a los habitantes y se reflejen en sus condiciones de vida.
En el primer trimestre de 2026, el Estado de México registró 8 millones 132 mil 927 personas ocupadas y una tasa de informalidad laboral de 55.4%, de acuerdo con Data México. En ese periodo, el salario mensual promedio fue de 8 mil 60 pesos, con una diferencia de 2 mil 890 pesos entre trabajadores formales e informales.
Competitividad con resultados desiguales
El Índice de Competitividad Estatal 2026 del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ubicó a la entidad en el lugar 19 de 32 estados, cuatro posiciones arriba de la edición anterior, aunque se mantuvo en el nivel de competitividad media-baja.
El Estado de México ocupó el primer lugar nacional en diversificación económica y el sexto en infraestructura. Sin embargo, se situó en la posición 25 en Derecho, en la 23 en Sociedad y Medio Ambiente y en la 19 en Mercado de Trabajo. Esta diferencia entre rubros evidencia que las ventajas productivas no se reflejan de manera uniforme en todos los factores que inciden en el desarrollo.
León Ortega sostuvo que el crecimiento debe analizarse a partir de sus efectos sociales y no únicamente por el comportamiento de la producción. También señaló que el lugar que México alcance entre las principales economías dependerá de sus propios resultados y de la evolución de otros países.

La meta económica para 2030
El Plan México plantea que el país llegue a ser la décima economía mundial para 2030, eleve la inversión por encima de 28% del producto interno bruto y genere 1.5 millones de empleos adicionales en manufactura especializada y sectores estratégicos.
Para el Estado de México, el desafío será que las inversiones y la actividad productiva se acompañen de una reducción de la informalidad, mejores salarios y mayor acceso a la seguridad social. Estos indicadores permitirán observar si el crecimiento económico se traduce en beneficios concretos para la población.