La detección oportuna de depresión y conductas autolesivas se convierte en un reto para las escuelas; especialistas y autoridades plantean involucrar a docentes y familias antes de que los problemas emocionales escalen.
La salud mental también se juega dentro de las aulas. En México, 24.9 por ciento de la población de 10 a 19 años presentó sintomatología depresiva en 2023, de acuerdo con el análisis de la situación de la niñez y adolescencia publicado por UNICEF en 2026. El organismo advierte que las niñas y adolescentes mujeres presentan una mayor afectación.
A este panorama se suma un dato reciente sobre las conductas autolesivas. Una investigación publicada en julio de 2026 en Salud Pública de México, basada en la ENCODAT 2025, estimó que 7.1 por ciento por ciento de adolescentes y jóvenes de 12 a 29 años reportó haberse autolesionado alguna vez. La edad promedio de inicio fue de 13 años y 19.1 por ciento de quienes presentaron estas conductas requirió atención médica por las lesiones.

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Escuelas buscan detectar antes de que llegue la crisis
En el Estado de México, la respuesta comienza a trasladarse también al ámbito escolar. El Consejo Escolar para el Bienestar contempla entre sus funciones la atención de salud mental, educación socioemocional, prevención de adicciones y violencia, así como mecanismos para atender necesidades no académicas de la comunidad educativa.
A nivel nacional, durante 2026 comenzó la estrategia "El ABC de las Emociones", con actividades dentro de planteles para reconocer emociones, identificar señales de alerta y fortalecer redes de apoyo. La estrategia contempla además capacitación para personal educativo y materiales dirigidos a estudiantes, docentes, madres, padres y personas cuidadoras.
Sin embargo, una consulta realizada por UNICEF entre estudiantes de secundaria y media superior reveló que sólo 8 por ciento señaló contar de manera permanente con apoyo psicológico en su escuela; 46por ciento dijo que estaba disponible únicamente algunas veces y 24 por ciento que ocurría muy pocas veces. Además, 31 por ciento afirmó que no recibió apoyo psicológico o socioemocional durante la secundaria aunque le hubiera gustado.
Ante este escenario, la familia adquiere un papel fundamental. UNICEF recomienda prestar atención a cambios persistentes como aislamiento, pérdida de interés, alteraciones importantes del sueño o apetito y expresiones de desesperanza, especialmente cuando afectan la vida cotidiana o la asistencia escolar.
La detección, por tanto, no depende únicamente de identificar una crisis implica que familia y escuela reconozcan las señales, escuchen al adolescente y sepan cuándo canalizarlo hacia atención profesional.