Aunque el Estado de México representa apenas alrededor del 1 por ciento del territorio nacional, su riqueza natural lo coloca como una de las entidades con mayor diversidad biológica del país.
En sus 2.2 millones de hectáreas conviven distintos ecosistemas, desde bosques de pino, encino y oyamel, hasta pastizales, matorrales, selvas bajas y humedales. Esta variedad permite la presencia de más de 750 especies de vertebrados, además de miles de especies de plantas e invertebrados.
La explicación se encuentra, en buena medida, en su ubicación geográfica. El territorio mexiquense se encuentra en la zona donde confluyen las regiones biogeográficas Neártica y Neotropical, por lo que su flora y fauna reúnen especies propias de ambientes templados y tropicales.

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De los bosques del centro a las selvas del sur, el territorio mexiquense concentra ecosistemas únicos.
En el centro de la entidad predominan los ecosistemas templados húmedos, con bosques de pino y oyamel presentes en zonas como La Marquesa, Villa del Carbón, Valle de Bravo y los volcanes. También existen ambientes templados secos, como los matorrales de Teotihuacán y Otumba.
Hacia el sur, el paisaje cambia. En municipios como Ocuilan, Ixtapan de la Sal, Tonatico, Tejupilco y Zacualpan se extienden ecosistemas vinculados con la llamada Tierra Caliente y la Depresión del Balsas, donde pueden encontrarse selvas secas y vegetación característica de regiones tropicales.
Esta diversidad también se refleja en su flora. Entre las especies que forman parte de los ecosistemas mexiquenses se encuentran el oyamel, ocote, pino avellano, aile, pinabete, encinos, madroño, cedro, fresno y pino rojo, entre muchas otras.
La riqueza natural también alcanza a la fauna. En los ambientes conservados del estado todavía es posible encontrar especies como venado cola blanca, pecarí de collar e incluso jaguar, particularmente en las regiones del sur.
Sin embargo, conocer esta diversidad también representa un reto: la conservación depende de que la población conozca qué especies y ecosistemas existen y cuál es su importancia.
Aunque el Estado de México ocupa una superficie relativamente pequeña, concentra una proporción significativa de la biodiversidad nacional. Su posición entre dos grandes regiones biogeográficas convierte a la entidad en un territorio de transición ecológica particularmente relevante.
Por ello, los bosques, selvas, humedales, pastizales y matorrales mexiquenses no sólo representan paisajes naturales, sino también reservas de biodiversidad cuya permanencia depende de su conocimiento, protección y conservación.