El Sistema Cutzamala es una de las obras hidráulicas más grandes del mundo. Capta agua en presas ubicadas en el Estado de México y Michoacán, la conduce por decenas de kilómetros de acueductos, túneles y canales, y la bombea cientos de metros hacia arriba para llevarla a la cuenca del Valle de México
EL AGUA QUE SE ESCAPA
Pero esa hazaña tiene un talón de Aquiles: lo que ocurre después de que el agua sale de los grandes acueductos. Entre las líneas principales y la llave del hogar existe una red de distribución municipal vieja, fragmentada y mal mantenida. El resultado: hasta el 40 % del agua potable se pierde en fugas.
De cada diez litros que se extraen, se tratan y se bombean con enorme costo económico y ambiental, hasta cuatro no llegan jamás a quien debería recibirlos de forma regular.

Los municipios densamente poblados del Valle de México y del Valle de Toluca dependen de tuberías que, en muchos casos, tienen más de cuatro décadas de antigüedad. Fueron diseñadas para una población mucho menor, con materiales que hoy están corroídos, fracturados o simplemente vencidos.
Para administrar un recurso que no alcanza o se pierde en el camino,las autoridades recurren al tandeo: abrir y cerrar válvulas por sectores en días y horarios determinados. En teoría es una medida temporal. En la práctica, se ha vuelto el modo permanente de operar en numerosas colonias.
Cuando el agua se pierde en el subsuelo de una calle o se desvía a un mercado informal, el daño ambiental ya se produjo: se secaron manantiales, bajó el nivel de los pozos y se tensó el equilibrio de las presas.
Además, el abatimiento de acuíferos para compensar la falta de agua superficial acelera el hundimiento del suelo y reduce la capacidad del territorio para recargarse. Es un círculo vicioso: se pierde agua por la red, se extrae más del subsuelo para reponerla, y el subsuelo cada vez rinde menos.