El cempasúchil: La flor que guía el camino de los difuntos

Por: SANTIAGO DANIEL BENÍTEZ
Toluca
Fecha: 29-10-2026

Hay un momento del año en que la muerte deja de ser una ausencia silenciosa. Afuera, sobre las calles y los caminos, los pétalos naranjas del cempasúchil dibujan una ruta imaginaria hacia los altares.

La flor no habla, pero anuncia una visita. Su color recuerda al sol; su aroma permanece en el aire y su presencia convierte el recuerdo en un acto material: preparar un espacio para recibir a quienes ya no están.

MÁS QUE UNA FLOR DE TEMPORADA

En México, el Día de Muertos es una celebración que reúne prácticas indígenas, costumbres familiares y elementos religiosos que se han transformado con el paso de los siglos.

Una ofrenda de Día de Muertos es una expresión de memoria, afecto y hospitalidad hacia los difuntos. En esa tradición, el cempasúchil ocupa un lugar privilegiado.

En el Estado de México, la tradición de honrar a los muertos también se encuentra vinculada con las comunidades indígenas otomíes y mazahuas, cuyas prácticas culturales forman parte de la diversidad histórica de la entidad.

La relación con la tierra y los ciclos agrícolas ofrece una dimensión importante para explorar estas prácticas. Cuando una flor se siembra, crece y se corta para colocarla en una ofrenda, el vínculo entre el campo y la ceremonia resulta evidente. El producto de la tierra pasa a formar parte de un acto de recuerdo.

En la creencia popular la fragancia de la flor de cempasúchil, forma parte del lenguaje mediante el cual se imagina el regreso de las ánimas. El cempasúchil natural, por tanto, incorpora una dimensión sensorial que la imitación no reproduce de la misma manera.


El Día de Muertos recuerda que la muerte forma parte de la experiencia humana, pero también demuestra que los recuerdos pueden convertirse en prácticas compartidas.

El cempasúchil reúne esas dimensiones: es una planta, un producto agrícola, una fuente de ingresos y un símbolo cultural. En los mercados se vende por ramo o por maceta; en las parcelas representa trabajo; en los altares se transforma en una expresión de afecto.



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