En muchas colonias del Estado de México la farmacia de la esquina es la primera opción de salud. En algunas, también es el punto de venta de fármacos que la ley manda vigilar con receta retenida y libro de control. Según la normativa sanitaria, los psicotrópicos como el alprazolam o el clonazepam exigen receta médica, libro de control ante Cofepris y retención física de la receta en la farmacia. Cuando el mostrador se salta esos pasos, el medicamento se vuelve mercancía.
LA VENTA IRREGULAR Y SIN RECETA
La Cofepris también ha reportado un aumento de farmacias particulares que ofrecen medicamentos irregulares, robados, falsificados o sin receta aunque estén controlados. En operativos en la zona Sur y Oriente del estado, los inspectores han hallado un patrón que sirve para entender el problema: medicamentos controlados sin acreditar su tenencia legítima, falta de trazabilidad, libros de control sin firma del responsable sanitario, recetas sin datos del paciente, sin fecha o sin firma del médico, y recibos de venta sin receta.
Quien compra, muchas veces, es alguien con dolor crónico que no consigue tratamiento o una persona ya dependiente que busca la dosis donde nadie le pide papeles. El negocio se sostiene en esa necesidad.
Datos de transparencia revelan que casi el 23% de los robos de medicamentos en el país ocurrió en el Estado de México. Esa mercancía tiene que salir en algún punto de venta. Mientras que la a Cofepris encontró ocho establecimientos en 2025 que vendían medicamentos exclusivos del sector público, entre ellos antidepresivos controlados.

Las anomalías en los registros (recetas sin firma, sin paciente, sin fecha) sugieren que una receta puede usarse como simple formalidad en papel para justificar la salida del producto. Cómo llegan esos recetarios a las farmacias, ya sea por robo, por médicos que los ceden o por falsificación, es una línea de investigación que este reportaje no puede afirmar sin testimonios y expedientes.