Entre turrones, calaveritas de azúcar y figuras de chocolate, los Portales de Toluca se llenan cada año de colores y sabores que anuncian el Día de Muertos. Detrás de estos dulces hay familias que comienzan a trabajar meses antes de la feria para conservar una tradición que también representa su sustento económico.
La familia Sánchez Millán que lleva décadas participando en la feria del alfeñique, inicia desde agosto los preparativos para elaborar sus turrones chongos y calaveritas de azúcar, dulces que producen exclusivamente para la Feria del Alfeñique. La compra de ingredientes, la preparación y el cuidado de cada pieza forman parte de una herencia que buscan preservar sin sacrificar la calidad.

Moldes antiguos y recetas que conservan su historia
Aunque el encarecimiento de las materias primas los ha llevado a modificar sus precios, los artesanos mantienen su volumen de producción y buscan conservar la calidad de sus dulces. Para ello, incluso han retomado moldes de sus primeros años de trabajo, con los que preservan las características de sus piezas.
El aumento también se refleja en el precio de las calaveritas de azúcar. Gerardo, artesano y comerciante de la feria, estima que el costo del azúcar ha subido alrededor de 15 por ciento, lo que repercute en la elaboración de estos dulces.
En el caso de las calaveritas, una pieza ha tenido un incremento aproximado de 5 pesos. A esto se suma el precio de la materia prima: de acuerdo con el Sistema Nacional de Información e Integración de Mercados, el azúcar refinada se cotizó en aproximadamente 20.40 pesos por kilogramo al mayoreo en la Central de Abasto de Toluca.
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Más que vender, mantener viva la tradición
Aunque algunas personas compran las calaveritas para decorar sus ofrendas, otras conservan la costumbre de comerlas. En ese encuentro entre generaciones está parte del valor del oficio: hay visitantes que comenzaron a acudir a la feria desde niños y ahora regresan como adultos.
En 2025, el alfeñique fue reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de México. Mientras los precios se ajustan a los costos de los ingredientes, las familias artesanas siguen apostando por la calidad y por mantener una tradición que cada otoño vuelve a reunir a Toluca alrededor de sus dulces.