Fertilizantes químicos, reto para el campo
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Fertilizantes químicos, reto para el campo


La dependencia de fertilizantes químicos representa un desafío para el campo del Estado de México por su impacto en los costos de producción y el manejo de nutrientes. En 2025, 77.5% de las unidades de producción agropecuaria con agricultura a cielo abierto en México utilizó estos insumos, de acuerdo con la Encuesta Nacional Agropecuaria. En la entidad, el reto es optimizar su aplicación sin comprometer los rendimientos ni los ingresos de los productores.


Para 2026, el programa Fertilizantes para el Bienestar previó atender en territorio mexiquense a más de 170 mil 820 productores, distribuir cerca de 76 mil toneladas de insumos y cubrir una superficie estimada de 253 mil 938 hectáreas. En este contexto, el manejo eficiente de los nutrientes es relevante para aprovechar los apoyos y evitar aplicaciones innecesarias.


Diagnóstico del suelo para reducir gastos


Elena Martínez Cruz, especialista en fertilidad de suelos y nutrición vegetal, señaló que la reducción del uso innecesario de fertilizantes debe partir de un análisis de las condiciones de cada parcela. La cantidad requerida depende de los nutrientes disponibles en el suelo, las necesidades del cultivo y las características de la producción.


La fertilización permite reponer elementos que las plantas necesitan para crecer, entre ellos nitrógeno, fósforo y potasio. Sin embargo, aumentar las dosis no garantiza un incremento proporcional de la cosecha, mientras que aplicar cantidades insuficientes puede limitar el desarrollo de los cultivos.


En el caso del maíz, ajustar las dosis a la demanda de la planta permite evitar gastos que no se traducen necesariamente en una mayor producción. La especialista advirtió que reducir la fertilización sin conocer las condiciones del terreno también puede afectar el rendimiento, especialmente durante etapas como el crecimiento vegetativo y la formación del grano.




Alternativas requieren acompañamiento técnico


Entre las prácticas que pueden complementar el uso de fertilizantes minerales se encuentran la incorporación de materia orgánica, el aprovechamiento de residuos de cosecha, la rotación de cultivos y el uso de bioinsumos. Sus resultados dependen de las características del suelo y de la forma en que se integren al manejo agrícola.


Martínez Cruz consideró necesario fortalecer el acompañamiento técnico para que los productores evalúen las alternativas disponibles y determinen cuáles se adaptan a sus parcelas. Los análisis periódicos del suelo y los registros de aplicación de insumos y cosechas permiten comparar costos y resultados.


La medición del gasto por hectárea y del rendimiento obtenido también ayuda a identificar si una modificación en la fertilización reduce los costos sin afectar la producción. Sin este seguimiento, resulta difícil determinar si los cambios en el manejo de nutrientes generan beneficios económicos para los agricultores.


El desafío para el campo consiste en avanzar hacia una fertilización basada en las necesidades de cada cultivo, con asistencia técnica y evaluación de resultados, para aprovechar los insumos y mantener la productividad agrícola.



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