La contaminación de ríos, manantiales y otros cuerpos de agua, junto con la reducción de la disponibilidad hídrica, amenaza la producción de trucha en el Estado de México, una actividad que genera ingresos para familias .
La falta de agua suficiente y las condiciones inadecuadas para mantener los estanques afectan el crecimiento de los peces y la capacidad de los productores para sostener sus cosechas. A esto se suman las altas temperaturas, que modifican las condiciones necesarias para su crianza.
La producción de especies acuáticas en la entidad ha enfrentado una disminución de entre 2 y 3 por ciento debido a las altas temperaturas y la escasez de agua, según autoridades de la Secretaría del Campo.
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Contaminación y escasez presionan a los productores
La trucha requiere agua fría y condiciones adecuadas de oxigenación para desarrollarse. Cuando disminuye el caudal o se deteriora la calidad del agua, los productores pueden enfrentar mayores dificultades para mantener sus estanques y evitar pérdidas económicas.
El problema también está relacionado con el deterioro de los ecosistemas acuáticos. Una investigación publicada en junio de 2026 sobre la subcuenca alta del río Lerma identificó concentraciones de metales pesados, aceites, grasas y contaminantes orgánicos por encima de los límites establecidos en la normativa ambiental. Aunque el estudio no evaluó directamente granjas de trucha, documenta la presión que enfrentan los cuerpos de agua mexiquenses.
La Comisión Nacional del Agua reportó que, durante 2025, 29.82 por ciento de los 636 sitios de aguas superficiales evaluados en el país obtuvo semáforo rojo por incumplimiento de indicadores de calidad.
Para los acuicultores, disponer de agua suficiente y limpia resulta indispensable para mantener la producción y comercializar sus ejemplares. La vigilancia de las descargas, el control de las extracciones y el tratamiento de aguas residuales son medidas necesarias para proteger los recursos hídricos de los que depende esta actividad económica.