La atención de niñas, niños y adolescentes enfrenta una brecha de especialistas y servicios que puede retrasar la detección y tratamiento de problemas de salud mental.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún trastorno mental, principalmente ansiedad, depresión y alteraciones de conducta. En México, el Programa Institucional 2025-2030 del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz advierte que la brecha de atención para los trastornos mentales supera el 80 por ciento y que existe una insuficiencia de especialistas y una distribución desigual del personal.
En el Estado de México, un diagnóstico citado con base en información del Atlas de Salud Mental de las Américas reportó una tasa de 0.475 psiquiatras por cada 100 mil habitantes, además de 2 mil 448 psicólogos por cada 100 mil. El mismo diagnóstico identificó tres hospitales psiquiátricos, entre ellos José Sayago, Dr. Adolfo M. Nieto y Granja La Salud Tlazolteotl.

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Servicio de salud mental revasado
La falta de personal también se refleja en los tiempos de atención. De acuerdo con Horacio Balam Álvarez García, doctor en Psicología, el problema no necesariamente radica en la falta de disposición de psicólogos o psiquiatras, sino en la saturación de los servicios. Explicó que, dependiendo de la demanda y disponibilidad, una consulta de evaluación puede tardar entre una semana y un mes, retrasando el inicio de una intervención.
Sin embargo, el mayor problema se encuentra en el tiempo que transcurre entre identificar una alteración de salud mental y recibir tratamiento. El especialista señaló que esta brecha puede alcanzar hasta cinco años, periodo durante el cual el padecimiento puede avanzar sin una atención especializada y oportuna.
Para 2026, el Gobierno federal asignó mil 527 millones de pesos al programa E032, "Servicios de atención a la salud mental y prevención de las adicciones";. En las Américas, la Organización Panamericana de la Salud reporta que los gobiernos destinan una mediana de 2.1 por ciento de sus presupuestos de salud a salud mental, mientras que la OMS ha señalado que la inversión continúa siendo insuficiente frente a la demanda.
Mientras persisten tiempos de espera y una disponibilidad limitada de especialistas, el desafío no sólo está en atender los casos cuando llegan a los hospitales, sino en fortalecer la prevención, identificar oportunamente las alteraciones emocionales y garantizar que niñas, niños y adolescentes reciban tratamiento antes de que los padecimientos se agraven.