Las vacaciones escolares representan un respiro esperado para miles de familias, una pausa en la rutina y un momento para convivir y descansar.
En el Estado de México, 4 millones 307 mil alumnos de nivel Básico, Medio Superior y Superior disfrutaron de este periodo. Pero no todos pueden hacerlo de la misma manera, con actividades recreativas, deportivas o culturales.
De acuerdo con la organización Mexicanos Primero, las vacaciones de verano profundizan las desigualdades educativas:
Mientras los niños con mayores recursos mantienen sus habilidades a través de campamentos, lecturas o clases privadas, además de viajar o participar en actividades culturales y deportivas, otras familias deben permanecer en casa ante la inseguridad, falta de oportunidades y espacios de esparcimiento.
Datos de la Profeco indican que El costo de los cursos de verano están entre 250 y 14 mil 700 pesos, lo que los hace inaccesibles para la mayoría de la población.
Si bien las disparidades impactan negativamente en el rendimiento académico y el desarrollo integral de niñas y niños en situación de desventaja, también pueden tener repercusiones a largo plazo en sus perspectivas educativas y profesionales.
Ante este panorama, muchas familias mexiquenses han optado por aplicar modelos de recreación en casa, priorizando que los niños disfruten su tiempo libre sin dejar de lado los deberes escolares y el aprendizaje. Actividades como manualidades, juegos en familia, lecturas guiadas o incluso la organización de pequeños campamentos caseros se han convertido en alternativas para equilibrar diversión y formación.