El Valle de Toluca es una cuenca a 2 mil 600 metros sobre el nivel del mar, donde las inversiones térmicas atrapan los contaminantes cerca del suelo durante buena parte del invierno. Sobre esa condición geográfica se superpone uno de los corredores industriales más densos del centro del país: los parques y zonas fabriles de Lerma, Toluca y San Mateo Atenco, con industria automotriz y de autopartes, metalmecánica, química, textil, curtiduría y calzado.
POCOS DÍAS CON AIRE LIMPIO
En el más reciente boletín de calidad del aire, la Secretaría de Salud estatal reportó que, de 25 días ,12 de ellos rebasaron los límites de la norma oficial. La Fase I de contingencia ambiental se ha activado repetidamente en las zonas metropolitanas de Toluca y Santiago Tianguistenco
Una crítica recurrente de vecinos, colectivos ambientales y especialistas es que ciertas empresas aprovechan la escasa vigilancia nocturna de las autoridades ambientales para operar calderas sin permiso o sin equipos de control, y para quemar residuos industriales. Al hacerlo, liberan a la atmósfera gases tóxicos y partículas suspendidas, entre ellas PM2.5, sin filtros ni chimeneas reguladas.

Los giros que típicamente concentran este tipo de emisiones son:
La Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México (PROPAEM) informó 1,376 inspecciones en 2019 dentro de su programa de emisiones contaminantes, y su informe de 2022 reporta inspecciones a verificentros, empresas, industrias y rellenos. Esas cifras mezclan giros muy distintos y cubren todo el estado, no solo el valle; no distinguen cuántas fueron sin aviso ni cuántas se hicieron de noche.
Un análisis de Redes Quinto Poder, con datos obtenidos por transparencia, ubicó al Estado de México entre las cinco entidades con más empresas por inspector de la PROFEPA: 1,121 empresas por inspector. Con esa proporción, aun si cada inspector realizara decenas de visitas al año, la gran mayoría de las fuentes nunca recibiría una visita en un año.