El ataque ocurrido en la Secundaria General 13, en La Unión, que dejó una persona muerta y cuatro heridas, abrió nuevamente el debate sobre la violencia juvenil, la misoginia y la influencia de los contenidos digitales en adolescentes. Entre las amenazas lanzadas durante la agresión, según testigos, se encuentra la frase "Vamos por todas las mujeres", que habría dicho uno de "Los Cuates", acusados de perpetrar el ataque, mientras que en una cuenta de TikTok relacionada con ellos se identificaron publicaciones vinculadas con la comunidad incel, asociada en algunos espacios con discursos de resentimiento y hostilidad hacia las mujeres.
A partir de estos elementos, especialistas señalaron la importancia de analizar cómo las narrativas machistas y misóginas que circulan en redes sociales pueden influir en la percepción que algunos jóvenes desarrollan sobre las mujeres y las relaciones interpersonales.
"A partir de los discursos y las narrativas que contenidos de corte misógino, de corte machista se hacen presentes, influyen en la perspectiva que tienen estas juventudes hacia las mujeres en particular", señaló el sociólogo, Fernando Araujo.
Su análisis apunta a la necesidad de examinar el entorno cultural y digital en el que se desarrollan los adolescentes, así como los mensajes que consumen, comparten o adoptan como referentes de comportamiento.

Qué son los discursos incel y cómo se relacionan con la misoginia
El término incel proviene de la expresión inglesa involuntary celibate, que significa "célibe involuntario". Se utiliza para describir a personas que consideran que no pueden establecer relaciones afectivas o sexuales pese a desearlas. Algunos espacios vinculados con esta identidad promueven narrativas de frustración y culpabilización de las mujeres, que pueden derivar en expresiones de hostilidad y misoginia.
La identificación de publicaciones relacionadas con esta comunidad en una cuenta de TikTok atribuida a los presuntos agresores ha puesto atención en los contenidos digitales que consumen y reproducen algunos jóvenes. Sin embargo, es necesario distinguir entre la existencia de esos mensajes y las conclusiones sobre su posible participación en la motivación del ataque.
Por su parte, la psicóloga Adriana Romo señaló que la violencia en los entornos escolares también debe analizarse considerando los patrones de socialización y las conductas que se reproducen entre niños y adolescentes.
"La mayor parte de la violencia en las escuelas, pues es perpetrada por niños, por adolescentes, al igual que la sociedad", afirmó.
La especialista añadió que algunos jóvenes pueden recurrir a comportamientos violentos para obtener reconocimiento de sus pares o demostrar una determinada idea de masculinidad. En ese contexto, explicó que el consumo de ciertos contenidos y el interés por imitar o presumir conductas agresivas pueden relacionarse con la manera en que construyen su identidad.
"Que se hable en este caso del contenido que veían estos jóvenes, el querer imitar, de hecho hasta alardear de esto, pues tiene que ver con esta construcción de lo masculino", indicó Romo.
Estas declaraciones plantean la importancia de estudiar cómo las expectativas sociales sobre la masculinidad pueden reforzar actitudes de dominio, rechazo o agresión, especialmente cuando se combinan con mensajes que presentan la violencia como una forma de reconocimiento.
Especialistas llaman a prevenir la violencia desde las escuelas y las familias
Ante hechos como el ocurrido en la Secundaria General 13, especialistas consideran necesario fortalecer las estrategias de prevención de la violencia en las escuelas, las familias y otros espacios de convivencia. Entre las medidas que plantean se encuentra evitar la normalización de conductas machistas, promover relaciones basadas en el respeto y la igualdad, y generar espacios para escuchar a niñas, niños y adolescentes.
También destacan la necesidad de identificar oportunamente expresiones de odio, amenazas y comportamientos que puedan representar un riesgo para otras personas. La atención a estas señales debe acompañarse de mecanismos de intervención y seguimiento, sin estigmatizar a los jóvenes por los contenidos que consumen, sino evaluando sus conductas y las circunstancias de cada caso.
Los especialistas también señalan la importancia de incorporar una perspectiva feminista en las políticas públicas de prevención, con el objetivo de atender las causas sociales y culturales de la violencia contra las mujeres y las manifestaciones de discriminación por razones de género.