La mañana del 15 de septiembre de 2026 fue encontrado el cadáver de Román de la Cruz Hernández, sacerdote adscrito al templo de Santa Cruz, de Huejutla, Hidalgo.
El cuerpo presentaba lesiones de bala y fue abandonado en un tramo carretero entre Tolago y Tetlapaya, en el municipio de Lolotla, en la Sierra hidalguense, de donde era originario.
Este es el caso más reciente de la violencia que se ejerce en contra de sacerdotes, ministros de culto y personas vinculadas a las iglesias, la cual va en aumento y, en la mayoría de los casos, tiene el mismo desenlace: la impunidad.
Sólo en lo que va del 2026, cuatro sacerdotes católicos fueron asesinados y dos más fueron víctimas de agresiones directas? sus parroquias fueron botín para los grupos del crimen organizado que lo mismo roban limosnas y arte sacro, que extorsionan, secuestran y asesinan.
"Nosotros retomamos toda la contabilidad, llamémosle así, de sacerdotes asesinados y violentados desde el 93 con el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, que obviamente tiene un sesgo y una plataforma muy tremenda donde el crimen organizado pues actuó en este acontecimiento", afirma Omar Sotelo Aguilar, sacerdote y director del Centro Católico Multimedia.

De 1990 al 2025, el Centro Católico Multimedial documenta 91 asesinatos y tres desapariciones en contra de representantes de la iglesia católica.
De acuerdo con el "Reporte Anual 2025. Informe sobre la incidencia de violencia en contra de sacerdotes e instituciones de la iglesia en México", durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, se incrementó el nivel de violencia contra la fe católica.

Fueron diez sacerdotes y un seminarista asesinados, siete obispos violentados y diez sacerdotes más fueron agredidos, además de los actos criminales cometidos en contra de los templos.
"En el periodo de Andrés Manuel López Obrador hubo siete obispos. Fíjate, esto es un dato importante. Siete obispos que fueron atacados y fueron violentados por células del crimen organizado, ¡obispos!", destacó Omar Sotelo.
Y con el gobierno de Claudia Sheinbaum, las cifras siguen preocupando a la jerarquía católica.

Del 1 de octubre de 2024 al 31 de diciembre de 2025, tres sacerdotes fueron asesinados, uno más desaparecido y 23 personas laicas, cercanos a los trabajos pastorales de la Iglesia, fueron asesinadas.
Los estados de Tamaulipas, Morelos, Guanajuato, Durango, Chihuahua, Jalisco, Michoacán, Chiapas, Tabasco, Baja California, Baja California Sur, Colima, Estado de México y Ciudad de México concentran esta violencia contra la comunidad católica.

El informe destaca que los casos de violencia homicida coinciden con las entidades donde se ha exacerbado la inseguridad que provocan las bandas del crimen organizado, salvo Sinaloa, donde ha sido difícil llevar el registro.
Al respecto, Sotelo Aguilar destaca que las bandas criminales se sienten incómodas por la presencia de sacerdotes y su influencia en las comunidades.
"Ayuda a migrantes, servicios de salud, servicios de educación, protección a los derechos humanos, o sea, es todo un bagaje que se ofrece a la comunidad. Entonces, ve el crimen organizado a los centros parroquiales como entes que de alguna otra manera compiten los trabajos que realizan".
Y en esto coincide Jorge Atilano González Candia, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, organización que nació en 2022, tras el asesinato de dos sacerdotes jesuitas en la Sierra Tarahumara, en Chihuahua.
"Cada vez crecen los territorios controlados, nuestra labor como pastores pues nos pone en un riesgo constante. Lo que veo es que estos grupos todo lo que resulte comunitario, lo que resulte de cuestión participativa de organización, muchas veces se pueden sentir amenazados y por eso quieren controlar también a la iglesia y dónde se vienen las tensiones".
A decir de ambos sacerdotes, el trabajo de la iglesia llega a obstaculizar las acciones de las bandas criminales, especialmente en territorios apartados, donde la presencia del Estado es prácticamente nula.
"Otro de los fenómenos que se está dando es el asesinato de laicos y de personas y de catequistas que trabajan de una manera muy directa y que en los últimos años el incremento de ataques a personas que trabajan y colaboran con la iglesia también ha aumentado. Especialmente en jóvenes", alerta Omar Sotelo.
Y porque además los grupos criminales pretenden cobrar hasta las fiestas patronales.
"El tema económico es una de las razones principales. Quieren controlar las fiestas, quieren controlar eh ingresos, cobrar piso. Sí, pero yo creo que la iglesia al estar en los todos los territorios vive la violencia que están teniendo pues muchas de las familias en nuestro país, muchos de los negocios del país", dice González Candia.
Y hay casos particulares como Chiapas o Guanajuato, recuerda Omar Sotelo.
"En Chiapas, en Chicomuselo, asesinan a una familia de 11 personas, dos de ellos eran catequistas, porque ellos no querían participar en las acciones del crimen organizado y por eso les quitan la vida. Otros jóvenes que trabajaban en Guanajuato, en algunas cuestiones pastorales para algunas fiestas parroquiales fueron acribillados a las afueras de los templos".
Son curas y líderes religiosos, quienes trabajan directamente con las comunidades en la reconstrucción del tejido social, en evitar el reclutamiento forzado de jóvenes y hasta en proteger a la feligresía de los embates criminales.
En muchos casos la interlocución con delincuentes es parte del mismo trabajo pastoral, como recuerda el director del Centro Católico Multimedial, parafraseando a Salvador Rangel, obispo de la diócesis Chilapa-Chilpancingo, en Guerrero.
"Una de las cosas que decía monseñor Salvador Rangel, porque él tuvo encuentro incluso con gente del crimen organizado, les decía: "Nosotros vamos a bautizar a sus hijos, o sea, denos tregua, ¿no? Respeten y lo respetaban".
Apostar por la paz
Ante esta crisis de inseguridad, los líderes religiosos apuestan por la paz y en crear mecanismos de reconstrucción del tejido social.
"México tiene experiencias, hay buenas prácticas, hay territorios que han logrado reducir índices delictivos y los han sostenido bajos por 8 o 10 años. Hay buenas prácticas en justicia restaurativa, buenas prácticas en reconstrucción del tejido social", dice Jorge Atilano González Candia, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, organización que surgió tras el asesinato del dos sacerdotes jesuitas en la comunidad de Urique, en la Sierra Tarahumara de Chihuahua.
Ante esto, el sacerdote identifica los factores que han permitido el aumento de la criminalidad, a la par de la pérdida del territorio.
"Primero hay que entender por qué el país está en esta situación. Yo creo que nuestro esfuerzo ha sido generar diagnósticos para poder entender por qué la violencia ha llegado a estos niveles. Vemos que hay territorios desorganizados. Hay fuerzas de seguridad desarticuladas, sobre todo con la ciudadanía y un sistema de justicia lejano".
Otras iglesias en la mira
La violencia no es privativa contra el catolicismo.
En México las iglesias evangélicas también están en la mira de las bandas criminales, como afirma Oscar Moha Vargas, periodista especializado en religiones y director de Libertad y Dignidad A.C.
"Hay ya pastores que han sido secuestrados en estados del norte y del sur. Tengo testimonios de ellos en donde les piden también un pago de piso por llevar a cabo sus eventos. A veces son eventos masivos de cinco mil, seis mil personas y entonces llegan las diferentes organizaciones del crimen organizado y les cobran".
En el país la Secretaría de Gobernación tiene registradas más de diez mil iglesias evangélicas y más de 100 mil ministros de culto y, aunque la religión católica sigue siendo la mayoritaria, la presencia de otras formas de fe se ve cada vez más en el territorio y son también objeto de la delincuencia.
"Han secuestrado a hijos de pastores, a familiares de pastores porque saben que ellos pagan y pueden juntar 20, 30, 50 mil pesos en cuestión de minutos de la recolección de las ofrendas de las personas que asisten a esa iglesia y que el pastor está dispuesto a pagar para no tener más problemas. El crimen organizado ya ha llegado también a las asociaciones religiosas", comenta Moha Vargas.
Como lo hacen los católicos, algunas iglesias evangélicas brindan apoyo a migrantes, a comunidades que son víctimas de delitos como extorsión, trata de personas, pornografía infantil, lo que les pone en la mira de los criminales.
"En la trata de personas, en el secuestro de migrantes, en la trata de niños, en la explotación de niños para la pornografía infantil, ha habido denuncias por parte de los ministros de culto y se han dado cuenta que las mismas autoridades están coludidas con estas organizaciones del crimen organizado y han eh sufrido represalias".
Esto genera temor y reduce la intención de denunciar, pues los líderes religiosos reconocen colusión de policías municipales, ministeriales y hasta elementos de la Guardia Nacional con las bandas del crimen organizado.
¿Y qué hacer ante esto?
Las propias iglesias intentan establecer protocolos de seguridad y autoprotección de sus representantes.
"La generación de protocolos para el cuidado de los actores locales, donde entran los sacerdotes. Si vemos con urgencia eh saber cómo cuidarnos en territorios y saber qué hacer en una situación de riesgo", dice Atilano González.
Porque no se pueden cerrar los templos e iglesias, como reconoce Omar Sotelo.
"La Iglesia tiene que permanecer abierta, es una casa de puertas abiertas, no puede estar cerrada, con ciertos protocolos, cámaras de seguridad, saber con quién estás, lista de amigos y compañeros con los cuales comunicarse".
Y en este sentido, católicos y evangélicos destacan la importancia del trabajo conjunto, porque el fin último es favorecer la pacificación del país.
"Hemos tratado de hacer contacto con algunos pastores en Chiapas y en otros lugares en donde pues también el incremento de la violencia hacia ellos ha aumentado, ellos también han tenido un número significativo de asesinatos; sin embargo, tratamos de buscar algunos campos en común en donde podamos pacificar", comenta el director del Centro Católico Multimedial.
Y al mismo tiempo, desde el Diálogo por la Paz reconocen la importancia de fortalecer a las policías municipales, que son las de primer contacto y las que están en el territorio.
"El actor clave en la seguridad del país es la policía municipal, por eso nos hemos dedicado mucho de nuestra búsqueda de buenas prácticas a las policías", dice Jorge Atilano González.
Entre tanto, el Estado mexicano es omiso en investigar la violencia contra las iglesias y la impunidad no es mejor que el promedio nacional. Nueve de cada diez asesinatos de representantes de las iglesias permanece sin resolver.