La caravana migrante denominada "Fe y Esperanza con Dios", ingresó durante este fin de semana al estado de Oaxaca tras dos semanas de recorrido a pie por la costa de Chiapas, el grupo, integrado por unas 350 personas en su mayoría familias centroamericanas, partió el 20 de septiembre de San Pedro Sula, Honduras, y cruzó la frontera sur mexicana por Suchiate, en el límite con Guatemala.
Los caminantes quedaron a la intemperie sin refugio, expuestos a temperaturas altas y a la falta de saneamiento en los campamentos improvisados, durante el trayecto se registraron cuadros de fiebre en menores de edad, lo que refleja la vulnerabilidad de los niños y niñas que viajan en el contingente.

Por otra parte, denuncian la ausencia generalizada de asistencia consular, la ayuda humanitaria puntual se limitó a ciudadanos de nacionalidad guatemalteca, según lo documentado por los propios integrantes de la caravana.
A diferencia de flujos anteriores que buscaban la regularización interna en México, este contingente conserva firme la intención de alcanzar la frontera norte de Estados Unidos, la determinación persiste pese a la ofensiva propagandística y las advertencias de la administración del presidente Donald Trump.
Las familias mantienen la mira en el norte desde el inicio del recorrido, aun sabiendo que el tramo que resta es largo y está sembrado de controles migratorios. La organización interna del grupo permitió reanudar la caminata tras cada contratiempo y sostener la disciplina de la marcha pese a las carencias.

Ninguna de las amenazas modificó el rumbo de los caminantes, que continúan en condiciones de precariedad extrema. El contingente avanza por la carretera federal México 200 tras superar las tormentas que azotaron la región en los últimos días.