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La Plaza México registró en su reapertura una Ilusionante entrada

La Plaza México registró en su reapertura una Ilusionante entrada


Una oreja para el mexicano Juan Pablo Sánchez fue el único apéndice que se entregó en la noche de reapertura de la plaza de toros La México.

Destacó la labor del también mexicano Ernesto Javier Calita. Los toros de seis hierros distintos, que no pasó alguno de una correcta presentación, mansos salvo el de Los Encinos y el de Pozo Hondo. Se registró tres cuartos de entrada.

La Plaza México registró en su reapertura una Ilusionante entrada a pesar de no tratarse de un cartel con grandes figuras y del horario inusual de las ocho de la noche de un sábado. Una masa de aficionados con presencia entre ellos de mucha gente joven a la que es obligado ofrecer una tauromaquia de mayor seriedad por parte de matadores, ganaderos y empresa.

La temporada empezó con un largo homenaje de iconografía religiosa a los fallecidos por la pandemia que provocó se partiese plaza.

La tónica del festejo fue la falta de bravura de los toros y de sitio de los toreros. Sobresalió la lidia de Calita a un manso de La Joya que exigía cruzarse para tirar de él y descorcharle algún pase, que una vez logrados resultaban vibrantes por los terrenos que debía asumir el espada.

Está hoy Calita muy por delante de sus colegas mexicanos en sitio, disposición y valor. Quedaron para el recuerdo dos pases sueltos muy ceñidos y puros cuando el manso se refugió en tablas y Calita insistió en mandar con los pitones a centímetros de su taleguilla.

Buena estocada y aplausos para Ernesto Javier. El subalterno Diego Martínez ejecutó a este toro un par de banderillas de una suavidad extraordinaria.

Dispuesto estuvo también Juan Pablo Sánchez, menos frío de lo habitual pero también menos sobrio. La oreja la proporcionó un inicio de faena con la muleta de dos tandas con las rodillas ancladas en el albero y una estocada final en la que fue prendido al tirarse a matar, afortunadamente sin consecuencias aparentes.

Los otros aplausos de la tarde los recibió Uriel Moreno El Zapata por un par de banderillas recibiendo con dos giros. El veterano torero no hizo más con un descastado toro de Rancho Seco.

El buriel de Los Encinos que enfrentó Sergio Flores ofreció la mejor suerte de varas de la tarde y posibilitó un gran par de banderillas por parte de Jorge Luna.

Flores mostró mucha expresión pero poca tela a la hora de citar al de Los Encinos que desde el encuentro con el capote dejó claro se revolvía con peligro y furia.

El torero intentó afear las condiciones del toro, cosa que no gusto a los aficionados.

El otro que fue incapaz de aprovechar la naturaleza brava del buriel fue Leo Valadez que ante un serio Pozo Hondo renegó de torear e intentó colar sin éxito a los presentes una lidia sin mando, ni tandas, ni sitio. Fue desbordado por el toro y se fue entre una lluvia de avisos y pitos.

Luis David se vio superado por las protestas que suscitó el toro de José María Huerta por su presentación. En general se esperaba más trapío en esta "Reapertura", como ha sido la tónica general en la activación de las plazas importantes del mundo taurino.

Pero lo del toro de Huerta no era una cuestión de trapío sino de encaste. El público no comprendió esta cuestión de genotipo he hizo con sus protestas imposible la lidia de un toro que por otro lado era sumamente descastado.














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