La osteoporosis es una enfermedad crónica que debilita los huesos y aumenta la probabilidad de sufrir fracturas, incluso ante caídas o esfuerzos que podrían parecer menores. Aunque suele asociarse con el envejecimiento, puede desarrollarse sin manifestaciones evidentes durante años, lo que dificulta su detección temprana. De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua, el 6.9 por ciento de las personas de 60 años y más en México reportó haber recibido un diagnóstico médico de osteoporosis. Esta condición representa un desafío para la salud pública, particularmente ante el envejecimiento progresivo de la población y la necesidad de fortalecer las medidas de prevención.
Las mujeres entre los sectores más vulnerables
Aunque la osteoporosis puede afectar tanto a hombres como a mujeres, el riesgo aumenta en estas últimas, especialmente después de la menopausia, debido a los cambios hormonales que influyen en la conservación de la masa ósea. Noé de la Cruz, coordinador médico de la Cruz Roja Mexicana en Veracruz-Boca del Río, explica que la enfermedad está relacionada con la pérdida progresiva de densidad mineral ósea, un proceso que reduce la resistencia de los huesos y aumenta su vulnerabilidad ante posibles fracturas.
El especialista señala que los huesos atraviesan un proceso constante de remodelación; sin embargo, con el paso de los años, este mecanismo puede perder eficacia y favorecer el deterioro del tejido óseo.
"La osteoporosis afecta el tejido óseo. Con el paso de los años, los huesos se remodelan y pueden perder densidad mineral, lo que disminuye su resistencia", explica De la Cruz.
En las mujeres, este proceso puede acelerarse durante la menopausia debido a la disminución de estrógenos, hormonas que intervienen en el mantenimiento de la masa ósea. En Veracruz, donde alrededor del 56 por ciento de la población está conformada por mujeres, la prevención cobra especial relevancia. A este panorama se suma el envejecimiento demográfico, un proceso que plantea nuevos retos para la atención de las enfermedades crónicas y la conservación de la autonomía de los adultos mayores.

Una enfermedad silenciosa que puede detectarse a tiempo
Uno de los principales riesgos de la osteoporosis es que no suele provocar síntomas específicos durante sus primeras etapas. En muchos casos, el diagnóstico llega después de una fractura, cuando la pérdida de resistencia ósea ya representa una complicación.
Para identificar estos cambios, la densitometría ósea es una de las principales herramientas de diagnóstico. Este estudio mide la densidad mineral de los huesos y ayuda al personal médico a determinar si existe una disminución que requiera seguimiento o tratamiento.
De acuerdo con Noé de la Cruz, la evaluación debe considerar no solamente los resultados del estudio, sino también la edad, los antecedentes clínicos y las condiciones particulares de cada paciente.
"Para identificar este deterioro y cuantificar la densidad mineral ósea, se utiliza un estudio conocido como densitometría ósea", explica el coordinador médico de la Cruz Roja Mexicana en Veracruz-Boca del Río.
La interpretación de los resultados permite identificar alteraciones en la densidad ósea y orientar las decisiones médicas. También es importante evaluar factores como la menopausia, las enfermedades crónicas y el riesgo de sufrir caídas, pues todos pueden influir en la salud ósea.
Entre las principales medidas preventivas se encuentran:
Estas medidas ayudan a proteger la salud ósea, aunque las personas que ya presentan osteoporosis pueden requerir tratamiento médico específico. La indicación de suplementos o medicamentos debe realizarse de acuerdo con las necesidades de cada paciente y bajo supervisión profesional.
¿La osteoporosis también afecta a personas jóvenes?
Aunque es más frecuente con el paso de los años, la disminución de la densidad ósea también puede presentarse en personas jóvenes. Cuando ocurre fuera de los grupos de edad habituales, es importante investigar si existe alguna enfermedad o condición que explique el deterioro. Entre las posibles causas se encuentran las enfermedades renales, ciertas alteraciones metabólicas relacionadas con la vitamina D.
Estos casos requieren una evaluación médica para identificar el origen del problema y establecer el tratamiento adecuado. Por ello, la pérdida de densidad ósea en personas jóvenes no debe atribuirse automáticamente al envejecimiento.

Mitos y realidades: evitar la automedicación
La circulación de información en redes sociales también representa un desafío para la prevención y el tratamiento de la osteoporosis. Las recomendaciones sobre suplementos, calcio y vitamina D pueden parecer inofensivas, pero su consumo sin valoración médica no garantiza beneficios y puede resultar inadecuado para determinadas personas.
De la Cruz advierte que las decisiones sobre el tratamiento deben basarse en evidencia científica y en las necesidades de cada paciente, en lugar de seguir recomendaciones de familiares, conocidos o contenidos difundidos en internet.
"Existe mucha información que no siempre está sustentada en evidencia científica. Las alternativas para mejorar la calidad del hueso deben indicarse de acuerdo con las necesidades de cada paciente. Es importante no automedicarse ni seguir recomendaciones de familiares o conocidos, sino acudir con un médico para recibir una valoración adecuada", señala.
La osteoporosis no siempre presenta señales de alerta, pero sus consecuencias pueden afectar la movilidad y la independencia, especialmente cuando provoca fracturas. Por ello, reconocer los factores de riesgo, acudir a revisiones médicas y mantener hábitos saludables son medidas fundamentales para detectar la enfermedad y reducir sus complicaciones.
Cuidar los huesos desde edades tempranas puede marcar la diferencia en la calidad de vida durante el envejecimiento.