La inteligencia artificial dejó de ser una promesa del futuro para convertirse en una herramienta presente en los teléfonos celulares, las aulas, los negocios y los espacios de trabajo. En segundos, estas tecnologías pueden responder preguntas, resumir información y realizar tareas que antes requerían horas de investigación. Pero detrás de esta facilidad surge una discusión: ¿qué ocurre cuando las personas comienzan a depender de una máquina para pensar, decidir o resolver problemas?
México cada vez más conectado
El crecimiento del acceso a internet muestra el avance de la tecnología en la vida cotidiana de los mexicanos. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), la proporción de personas usuarias de internet en México pasó de 57.4 por ciento en 2015 a 86.1 por ciento en 2025.
USO DE INTERNET EN MÉXICO
2015: 57.4%
2025: 86.1%
Fuente: INEGI.
Para 2025, alrededor de 104.9 millones de personas utilizaban internet en el país. Esta expansión de la conectividad también ha facilitado la incorporación de herramientas de inteligencia artificial en actividades educativas, laborales y cotidianas.
La advertencia desde la industria tecnológica
La discusión sobre los riesgos de la inteligencia artificial también ha surgido desde el interior de las empresas que desarrollan esta tecnología. Jacob Coxon, investigador que trabajó en OpenAI y posteriormente en Anthropic, renunció a esta última compañía y expresó su preocupación por el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial cada vez más avanzados.
Entre sus advertencias se encuentra la posibilidad de que una inteligencia artificial "superinteligente" llegue a superar las capacidades humanas y represente un riesgo catastrófico durante la próxima década. Más allá de los escenarios de una máquina que pudiera tomar el control, el debate plantea una preocupación más cercana, la posibilidad de que las personas comiencen a depender de la tecnología para realizar tareas que antes resolvían por sí mismas.

¿La comodidad puede afectar el pensamiento crítico?
Un estudiante que utiliza inteligencia artificial para comprender un tema puede encontrar una herramienta de apoyo para su aprendizaje. El problema aparece cuando la tecnología sustituye por completo el esfuerzo de analizar, investigar y construir una respuesta propia.
La misma situación puede presentarse en el trabajo, donde una herramienta capaz de redactar, resumir o resolver problemas facilita las actividades, pero también puede reducir la práctica de habilidades que requieren razonamiento y toma de decisiones.

CONFIANZA EN LA IA Y PENSAMIENTO CRÍTICO
El uso de mayor confianza en la inteligencia artificial puede relacionarse con un menor esfuerzo de pensamiento crítico.
Fuente: Microsoft.
La relación entre el uso de estas herramientas y las capacidades cognitivas forma parte de las investigaciones sobre el impacto de la inteligencia artificial. Utilizar IA no significa necesariamente perder habilidades. Sin embargo, plantea la importancia de mantener una participación activa en los procesos de aprendizaje, análisis y resolución de problemas.
El reto: utilizar la tecnología sin depender de ella
La inteligencia artificial puede ayudar a aprender, trabajar y resolver problemas. Pero el desafío no se limita a evitar que una máquina llegue a controlar a la humanidad. También implica conservar las capacidades que permiten a las personas comprender su entorno, tomar decisiones y actuar sin asistencia tecnológica permanente.
La dependencia podría no comenzar con máquinas capaces de dominar a las personas, sino cuando las personas dejen de saber cómo hacer las cosas sin ellas.