Desde las primeras horas de la mañana, el aroma del elote recién molido comienza a mezclarse con el vapor de las ollas en Oaxaquilla, una localidad donde la elaboración de tamales forma parte de la vida cotidiana de numerosas familias y donde el sabor casero se ha convertido en una tradición que distingue a la comunidad.
Tres décadas preparando tamales
Una de ellas es Juana Huerta Hernández, de 70 años, quien desde hace más de tres décadas prepara tamales como sustento para su familia. Aprendió por cuenta propia y comenzó a venderlos cuando vivía en Soledad, primero recorriendo casas y mercados. Hace 20 años llegó a Oaxaquilla y continuó con esta actividad.
Tipos de tamales
Su jornada comienza a las seis de la mañana. El elote, fresco y proveniente de la región, es llevado al molino para después preparar la masa. A ésta le agrega leche, manteca, aceite, margarina, azúcar y sal, buscando ese punto característico: ligeramente dulce, pero sin llegar a ser empalagoso.
Después vienen los tamales de chile, los más solicitados. Los prepara con carne de puerco y una salsa de chipotle que lleva cebolla, ajo, pimienta, comino y sal. El resultado puede ser desde ligeramente picoso hasta muy intenso, dependiendo del chile.

Preparación de tamales
Cada tamal es envuelto cuidadosamente y colocado en la vaporera, donde permanece alrededor de una hora y media. En un día puede elaborar entre 50 y 100 piezas, aunque en jornadas de buena venta ha llegado a preparar hasta 150.
También prepara bollitos dulces con mantequilla, coco rallado o pasitas, aunque la mayor demanda está en los tamales de chile.
"Hasta que Dios me deje", responde doña Juana cuando le preguntan hasta cuándo continuará con esta labor.
Todos los días instala su pequeño puesto afuera de su casa, sobre la carretera Soledad-Paso del Macho, en Oaxaquilla. Ahí, el sabor de los tamales no sólo alimenta: también mantiene viva una tradición familiar y comunitaria.