El campo de Durango se está secando. La lluvia que antes llegaba en junio ya no llega, y los cultivos mueren de sed. Se estima una pérdida del 62% en la producción y 4,000 millones de pesos en pérdidas económicas. Los productores no solo pierden sus cosechas: pierden su forma de vida. El cambio climático no es una amenaza futura; es una realidad presente que está vaciando el campo duranguense.
El sector agrícola de Durango enfrenta una crisis sin precedentes por la falta de agua: la precipitación pluvial ha disminuido un 44% en 2026 respecto al promedio histórico, al pasar de 500 a 280 milímetros, y el 95% del territorio estatal padece sequía severa a extrema. El estrés hídrico en los cultivos ha provocado una pérdida estimada del 60% al 70% en la producción, con afectaciones económicas que ascienden a 4,000 millones de pesos.
Durango cuenta con alrededor de 1.5 millones de hectáreas agrícolas, 65,000 productores y una producción anual valorada en 8,000 millones de pesos, según datos del INEGI y SAGARPA. Los principales cultivos son frijol, maíz, avena, alfalfa, nogal y sorgo. En 2025, los 39 municipios del estado presentaron sequía extrema a excepcional, y en 2026, 37 de los 39 mantienen condiciones de sequía severa a extrema.
La precipitación pluvial ha caído de manera sostenida en los últimos siete años: de 450 milímetros en 2020 a 280 milímetros proyectados para 2026, un déficit acumulado del 44%. Especialistas y productores advierten que la falta de agua, aunada a los efectos del cambio climático, está poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y la economía de miles de familias rurales.
Los productores señalan que la planta ya no se recupera y que las siembras se han reducido drásticamente. "Lo que nos ha pegado es la sequía; ya no hay mucha siembra", expresó uno de los agricultores afectados, quien relató que muchos de sus vecinos han optado por abandonar el campo o migrar a las ciudades en busca de otras oportunidades.

Exigen politicas de adptación y apoyos.
Ante este panorama, especialistas y organizaciones campesinas exigen políticas de adaptación, tecnificación del riego y apoyos directos para los agricultores. Señalan que no basta con programas emergentes, sino que se requiere una estrategia integral que permita al campo duranguense enfrentar la crisis climática y garantizar la producción de alimentos.
La sequía no solo afecta a los cultivos, sino también a la ganadería, que depende del agua para abrevar al ganado y para mantener los pastizales. Si no se actúa con urgencia, advierten, la crisis se agravará y con ella, la pérdida de empleos, la migración y el abandono de las comunidades rurales.