Este lunes 2 de febrero se celebra el Día de la Candelaria, una de las tradiciones más arraigadas en la cultura mexicana, donde los tamales se convierten en los protagonistas de miles de mesas. Más allá del antojo, esta fecha representa una herencia histórica, religiosa y prehispánica que, año con año, sigue dando sustento a numerosas familias.
Para comerciantes como Pedro Vizcarra Valenzuela, la Candelaria no solo es una tradición, sino una fuente de ingresos. Con siete años dedicados a la venta de tamales, Pedro explica que la preparación comienza con varios días de anticipación.
"Nos tenemos que preparar unos tres o cuatro días antes. La venta ya no es solo el mero día, empieza desde dos días antes de la Candelaria", comenta.

Sin embargo, reconoce que las ventas no siempre son iguales. De acuerdo con el tamalero, el espíritu de la festividad se ha ido perdiendo con el paso de los años, lo que ha impactado en el consumo.
"Ya no son iguales los años, la gente ya va perdiendo el espíritu de la Candelaria, ya no compra tamales como antes y aparte hay muchos tamaleros", señala.
A pesar de ello, Pedro mantiene la esperanza y la buena actitud, cualidad que considera indispensable para cualquier comerciante. Este año salió a vender alrededor de 800 tamales, todos a un precio accesible de 10 pesos, en sabores como carne de res, puerco, piña y elote natural.
"El año pasado vendí como 20 mil pesos en un ratito. Este año vamos a ver cómo pinta, pero con toda la fe de terminar vendiendo todos los tamales", expresa.
Aunque reconoce que el movimiento ha sido menor y que el flujo de compradores se concentra solo durante algunas horas del día, Pedro asegura que la clave está en no perder el ánimo.
"Un vendedor siempre debe traer buena actitud, se venda o no se venda", afirma.
Así, entre vapor, hojas de maíz y esperanza, el Día de la Candelaria continúa siendo una fecha significativa que mantiene viva una tradición mexicana, al mismo tiempo que enfrenta los cambios en las costumbres y el consumo de la población.
