Miles de aficionados acudieron la tarde del domingo a la Plaza Sebastián Lerdo de Tejada para presenciar la transmisión del partido entre México e Inglaterra, correspondiente a los octavos de final del Mundial, encuentro que terminó con un marcador de 3-2 a favor del conjunto inglés.
Aunque el acceso al recinto comenzó a las 17:00 horas, decenas de seguidores empezaron a llegar desde varias horas antes del silbatazo inicial para asegurar un buen lugar y entonar el ya tradicional "¿Y si sí?".

La espera se prolongó debido a la activación del protocolo por tormenta eléctrica, lo que retrasó el ingreso del público. El operativo de seguridad estuvo conformado por alrededor de 190 elementos de la Guardia Nacional, Secretaría de Seguridad Pública, Policía Naval, Cruz Roja, IMSS Bienestar, Secretaría de Salud y el Centro Regulador de Urgencias Médicas (CRUM).
Como pocas veces ocurre en eventos masivos en la capital, la Secretaría de Seguridad Pública desplegó además unidades de la Policía Montada para reforzar la vigilancia y prevenir incidentes.

DE INFARTO
Sin embargo, a diferencia de los cuatro partidos anteriores de la Selección Mexicana, esta vez no fue la presencia policial la que apaciguó los ánimos, sino los goles de Jude Bellingham, quien adelantó a Inglaterra al minuto 36 y amplió la ventaja apenas dos minutos después.
La Plaza Lerdo enmudeció con el doblete del mediocampista inglés. No obstante, el espíritu de la afición revivió cuando Julián Quiñones descontó antes del descanso. Algunos de los más pesimistas comenzaron a retirarse de la plancha ubicada entre las calles Juan de la Luz Enríquez y Lucio, mientras el resto mantuvo la esperanza... hasta que Harry Kane convirtió el penal que significó el 3-1.

El corazón de Xalapa volvió a latir cuando el árbitro Alireza Faghani señaló la revisión en el VAR. Más de ocho mil personas contuvieron la respiración y estallaron en júbilo cuando se confirmó la pena máxima a favor de México.

Raúl Jiménez, el "Lobo Mexicano", cobró con seguridad desde los once pasos al minuto 69 para acercar al Tricolor. Ese sería el último gol de la tarde... y también el último de México en la Copa del Mundo.
Con el paso de los minutos, cerca del 80, la resignación comenzó a hacerse evidente. Poco a poco los asistentes abandonaron la Plaza Lerdo. Algunos recogieron la basura que habían generado y otros permanecieron unos minutos más jugando "Quiere Volar", intentando prolongar el ambiente de convivencia.

La derrota terminó por instalarse definitivamente cuando, unos 20 minutos después del silbatazo final, la pantalla gigante se apagó y el corazón del centro histórico volvió a la normalidad.