Zacatecas, Zac.- Para muchos estudiantes de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), vender dulces, comida o artículos dentro de las unidades académicas se ha convertido en una alternativa vital para sostener sus gastos escolares y personales. En un contexto de salarios limitados, alta informalidad y costos universitarios que siguen representando una carga económica constante, estos pequeños emprendimientos funcionan como una vía de apoyo y permanencia escolar, aunque su magnitud económica todavía no ha sido medida formalmente por la institución.
Precariedad laboral y visión empresarial
En Zacatecas, los jóvenes en edad universitaria enfrentan un mercado laboral caracterizado por la alta informalidad y las remuneraciones limitadas. Tomando como referencia el grupo estadístico más cercano disponible, de 15 a 24 años, los datos conjuntos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) y la Secretaría de Economía (SE) estiman que entre 134 mil y 142 mil jóvenes forman parte de la población económicamente activa en la entidad. Sin embargo, gran parte de quienes estudian y trabajan lo hacen en condiciones precarias, con ingresos más cercanos al promedio del sector informal, que ronda los 5 mil pesos mensuales.
Sobre el impacto positivo que tiene la comercialización de productos dentro de las facultades para contrarrestar esta precariedad, Víctor Hugo Galicia Soto, analista financiero, explicó:
"Eso de que el joven emprenda vendiendo dulces, vendiendo frituras, vendiendo alimentos en la propia unidad académica, permite primero que tenga una visión empresarial, segundo un espíritu de emprendimiento que es sumamente importante y además necesario y tercero, ayuda a las economías de esos jóvenes que tienen esa capacidad o esa iniciativa de poder emprender cualquier negocio."

Costos de la educación pública y cooperativas estudiantiles
Aunque la Universidad Autónoma de Zacatecas se mantiene como una de las opciones de educación superior más accesibles en el estado, estudiar en sus aulas sí representa una carga económica significativa para muchas familias. El costo de ingreso arranca desde el pago de la ficha de admisión y posteriormente se suma la cuota semestral, la cual varía dependiendo de la carrera elegida. En el panorama nacional, existen otras alternativas públicas que operan con costos todavía menores para los alumnos, tales como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) o el sistema de las Universidades para el Bienestar Benito Juárez García (UBBJ).
Mientras los costos escolares y de manutención presionan los bolsillos de los alumnos, la propia universidad reconoce que el comercio en los pasillos es un fenómeno extendido y necesario. Al respecto, Fernando Rendón Agüero, coordinador del Centro de Emprendimiento y de Negocios de la UAZ, señaló:
"Hemos detectado varios que tienen como tipo cooperativas (...) la universidad es muy grande y a veces nuestro problema es que no nos damos abasto con tanto estudiante o con tanta unidad académica."
El reto de la formalización
Frente a estas dificultades económicas, el emprendimiento informal se ha convertido en una salida inmediata para la comunidad universitaria. De acuerdo con el Centro de Emprendimiento y de Negocios de la UAZ, recientemente se han impartido 34 capacitaciones en temas de emprendimiento y se ha logrado atender a 253 estudiantes con algún proyecto durante el semestre actual. Aunque no existe un padrón formal de pequeños vendedores o comerciantes dentro de la máxima casa de estudios, la dependencia estima que existe al menos la presencia de cinco proyectos fijos por cada unidad académica.
Al abordar el desafío que representa hacer crecer estas iniciativas y llevarlas al marco legal, Rendón Agüero añadió:
"Para nosotros es super importante tener esa vinculación con los estudiantes y apoyarles justamente en ese proceso de la formalización, porque muchos de ellos sí empiezan a evolucionar y a crecer un poquito a nivel tal de que ya necesitan esa formalización, entonces la mayoría de los proyectos, muchos desaparecen por ese miedo o ese desconocimiento a la formalidad."
Aunque el emprendimiento estudiantil ya opera en la práctica como una estrategia indispensable de apoyo económico y permanencia escolar, la falta de un padrón actualizado y de una medición puntual de su impacto impide conocer la verdadera dimensión de este ecosistema comercial universitario.