Hay alimentos que forman parte de la vida cotidiana sin que muchas veces nos detengamos a pensar en todo lo que hay detrás de ellos. La tortilla es uno de ellos: está presente en las comidas de todos los días, pero antes de llegar caliente a la mesa, el maíz atraviesa un proceso que reúne conocimiento, trabajo y tradición.
Este 29 de septiembre, Día Nacional del Maíz, esa historia también puede observarse en espacios como el Mercado Municipal de La Piedad, donde la elaboración de tortillas continúa siendo un oficio que pasa de una generación a otra.

Un grano con historia
Desde tiempos prehispánicos, el maíz forma parte de la alimentación y la cultura de México. Su importancia permanece hasta nuestros días y se refleja en la diversidad de variedades que existen en el país.

En México se reconocen 64 razas de maíz, de las cuales 59 son nativas. Para 2026, Michoacán contempla una producción anual de 1.8 millones de toneladas de este grano, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural del estado.
Más allá de las cifras, el maíz continúa presente en actividades cotidianas: desde la preparación de la masa hasta el momento en que una tortilla recién hecha llega a la mesa.

Del maíz a la tortilla
En el negocio de Lucely Valencia Sánchez, ubicado dentro del Mercado Municipal, ese proceso forma parte de la rutina.

El maíz se cuece y se deja reposar para después ser molido y convertirse en masa. A partir de ahí, las porciones pasan por las manos, toman forma y llegan al comal, donde se cocinan hasta quedar listas.

Lucely aprendió este oficio de su mamá y decidió continuar con una actividad que también se ha convertido en una fuente de trabajo.

Para ella, una de las características que distingue a la tortilla que prepara es precisamente su elaboración: explica que está hecha con maíz y que el trabajo manual aporta una textura suave y una calidad particular.

Una tortilla que se reconoce con los sentidos
Una tortilla recién hecha puede reconocerse incluso antes de probarla. Su aroma a maíz y a comal, su textura suave y flexible y el sabor característico del grano forman parte de una experiencia cotidiana para muchas familias.

El tamaño y el grosor pueden variar dependiendo de la cantidad de masa y de la manera en que cada pieza es formada. En las tortillas hechas a mano también pueden existir pequeñas diferencias entre una y otra, algo propio de un proceso artesanal.
Al entrar en contacto con el comal caliente, la superficie puede adquirir pequeñas zonas doradas producto de la cocción, mientras el aroma del maíz se hace más intenso.

Son detalles sencillos, pero que forman parte de esa experiencia de recibir una tortilla caliente para acompañar la comida.
Una masa, muchas posibilidades
Pero el maíz no termina cuando la tortilla sale del comal.
La masa también se convierte en sopes, huaraches y gorditas, además de totopos y tostadas de comal.

Lucely explica que incluso cuando llega a sobrar alguna tortilla, algo que asegura ocurre pocas veces, busca aprovecharla para preparar tostadas de comal o totopos.
De esta manera, un mismo ingrediente puede tomar distintas formas y llegar a la mesa en diferentes preparaciones.
Un alimento con aporte nutricional
Además de su importancia cultural, la tortilla de maíz aporta nutrientes que forman parte de la alimentación cotidiana.
De acuerdo con información de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), contiene carbohidratos, fibra, proteínas, calcio, magnesio, fósforo, potasio y vitaminas del grupo B. Parte de sus características nutricionales están relacionadas con la nixtamalización, proceso mediante el cual el maíz se cuece con agua y cal de grado alimenticio antes de convertirse en masa.
Datos publicados por la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), señalan que 100 gramos de tortilla de maíz aportan alrededor de 180 kilocalorías, 39.6 gramos de carbohidratos, 3.9 gramos de proteína y 1.2 gramos de fibra dietética. También aportan calcio, hierro y magnesio.
La nixtamalización, además de facilitar la transformación del grano, favorece la disponibilidad de algunos nutrientes y es parte de un conocimiento tradicional asociado a la preparación del maíz.

Un oficio que también genera empleo
Para Lucely, trabajar con el maíz representa también una historia familiar.

Su mamá fue quien le transmitió el oficio y, con el paso del tiempo, esta actividad se convirtió en un trabajo que ahora comparte con otras personas.
Actualmente, su negocio genera empleo para siete personas, quienes participan en las distintas tareas necesarias para preparar las tortillas y los demás productos que se elaboran en el lugar.

Así, detrás de una tortilla que puede parecer sencilla existe una cadena de actividades: preparar el maíz, obtener la masa, darle forma, cocinarla y llevarla finalmente hasta el consumidor.
Una tradición que sigue llegando a la mesa
El maíz forma parte de la historia de México desde hace siglos, pero también está presente en las historias particulares de quienes lo trabajan todos los días.
En La Piedad, el recorrido puede comenzar con el grano y terminar en una tortilla caliente, unos totopos, una tostada de comal o alguno de los otros alimentos que se preparan a partir de la masa.

Entre ambos puntos están las manos de quienes mantienen vivo este oficio.
Este 29 de septiembre, Día Nacional del Maíz, celebramos un grano que no solo alimenta: también guarda historias, oficios y sabores que pasan de generación en generación.