Hay mañanas que comienzan con prisa, otras con sueño y muchas más con una taza de café. Para millones de personas, esta bebida forma parte de un ritual cotidiano: despertar, hacer una pausa, conversar o simplemente comenzar el día.

En La Piedad, esa costumbre también se convierte en una forma de trabajo. Frente al parque Morelos, los emprendedores locales Juan Carlos Arévalo y Carlos Arévalo Padilla encontraron en un carrito de café una oportunidad para compartir su gusto por esta bebida y construir un proyecto propio.

El café como una forma de emprender
Para Juan Carlos Arévalo, el vínculo con el café va más allá de prepararlo y servirlo. Su gusto por esta bebida los llevó a buscar la manera de transmitir esa misma afición a quienes se acercan a su carrito.
El proyecto comenzó como una aventura, con la intención de descubrir qué podía ocurrir. Con el tiempo, encontraron personas que se detenían, conocían su propuesta y, sobre todo, apreciaban el café.

Esa respuesta les permitió descubrir que detrás de una taza puede existir algo más que una bebida: una experiencia que genera encuentros y que, para quienes la preparan, también representa una oportunidad para emprender.

Una bebida con una historia que cruzó fronteras
El café es una de las bebidas más consumidas en el mundo. Parte de su atractivo está en una combinación de características que lo hacen reconocible: su aroma, su sabor y la cafeína, un compuesto con efecto estimulante que puede favorecer el estado de alerta.

Su historia tiene raíces en África. La planta es originaria de Etiopía y, con el paso del tiempo, el consumo de la bebida se extendió hacia Yemen y posteriormente a otras regiones del mundo.

Durante el ciclo cafetero 2024-2025, el consumo mundial rondó los 175 millones de sacos de 60 kilos, una cifra que muestra la dimensión que tiene esta bebida a nivel internacional.

México también forma parte de esta historia. De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, el país produce alrededor de 4.5 millones de sacos de café, mientras que la meta planteada por la dependencia es alcanzar los ocho millones para 2030.
Del cultivo a la taza
Antes de llegar a un carrito, una cafetería o una mesa, cada taza de café pasa por una larga cadena de trabajo.

El proceso comienza con quienes cultivan y cosechan el fruto del cafeto. Después vienen etapas como el procesamiento, tostado y molido, hasta llegar a la preparación.

Pero también existe otra parte de la historia: las personas que todos los días convierten ese producto en una experiencia cotidiana.
Para algunos, el café representa el primer impulso de la mañana. Para otros, es una pausa durante el trabajo, una oportunidad para conversar o simplemente unos minutos para disfrutar de una bebida caliente.

Frente al parque Morelos, Juan Carlos Arévalo y Carlos Arévalo Padilla han encontrado precisamente en esos momentos una forma de continuar con su proyecto "Café Madero", promoviendo una mezcla de cafés mexicanos.

Una pausa que también cuenta historias
Este primero de octubre, el café tiene una fecha para celebrarse. Sin embargo, su presencia no se limita a un día en el calendario.

Está en las mañanas de quienes necesitan despertar, en las conversaciones que comienzan alrededor de una taza y en los pequeños proyectos que, como el de estos emprendedores de La Piedad, encuentran en una bebida cotidiana una oportunidad para crecer.

Porque detrás de cada taza hay más que café: hay personas, trabajo, historias y una pausa que forma parte de la vida diaria de La Piedad.