Un hospital de excelencia convertido en símbolo de carencias
Rebeca Cortés Sandoval, enfermera del Instituto Nacional de Cancerología (INCAN), nunca imaginó vivir esta realidad.
Cuando ingresó como estudiante en 2018, el hospital operaba con estándares de primer nivel. Hoy, tras recortes multimillonarios, enfrenta carencias que ponen en riesgo directo a los pacientes.
Un ejemplo es la falta de insumos básicos para canalización, exponiendo a los pacientes a infecciones potencialmente letales.
"Ese equipo se debe cambiar cada 72 horas. Hace un año dijeron que se cambiara cada siete días y, hace tres meses, cada diez días. Así de mal está", relata Rebeca.
Otra grave carencia es la ausencia de trastuzumab, medicamento vital para mujeres con cáncer de mama, con un costo mensual de 51 mil pesos. Muchas pacientes no pueden pagarlo y se resignan.
"Hay personas que no tienen los 51 mil pesos cada 21 días y deciden mejor irse a morir a sus casas. He visto pacientes fallecer por falta de medicamentos", denuncia la enfermera con pesar.
Recortes presupuestales que contradicen el discurso oficial
El colapso se refleja en cifras: los 16 institutos nacionales especializados recibieron 40 mil 819 millones de pesos en 2024; en 2025 el presupuesto cayó a 27 mil 798 millones y para 2026 apenas subiría a 30 mil 010 millones, aún 10 mil millones menos que en 2024.
El INCAN, específicamente, pasó de 3 mil 200 millones en 2024 a 2 mil 042 millones en 2025 y prevé apenas 2 mil 233 millones en 2026.
Otros 15 institutos tendrán más recursos que en 2025, pero todavía con déficits de hasta 33% respecto a 2024.
A pesar de estos números, la presidenta Claudia Sheinbaum sostiene que "no hay recorte. Salud es de las áreas o de los sectores que más aumento presupuestal tiene".
La contradicción entre la versión oficial y la realidad hospitalaria queda patente en documentos internos que admiten la falta de medicamentos, mantenimiento y equipos sin reemplazo.
Rebeca no tiene esperanzas de solución inmediata: "Me siento mal de saber que son mentiras, de poner que todo está bien sabiendo que el sistema de salud está por los suelos, no hay tratamiento, medicamento ni personal".



La distribución desigual del presupuesto profundiza la inequidad
Aunque el gobierno presume que en 2026 habrá "más recursos" para salud, el aumento proyectado es mínimo: de 918 mil millones de pesos en 2025 a 996 mil millones en 2026, apenas 2.6% más que en 2024.
Según especialistas, el gasto en salud representa solo 2.6% del PIB, lejos del 6% recomendado por la OMS.
"Cada vez se está volviendo más grande el problema y no hay una propuesta en una visión de cómo solucionarlo a corto, mediano y largo plazo", alerta Andrés Castañeda Prado, coordinador de las causas de salud del movimiento Nosotrxs.



La distribución presupuestal profundiza desigualdades.
Rogelio Gómez Hermosillo, coordinador de Acción Ciudadana frente a la Pobreza, advierte: "Veo difícil que haya una mejora sustantiva en el corto plazo, pero espero que sea una prioridad en cualquier gobierno, en cualquier color, porque no va a haber competitividad, no va a haber futuro si no invertimos en salud".

Promesas incumplidas y la realidad comparada con Dinamarca
La promesa de un sistema de salud "mejor que el de Dinamarca" se ha desvanecido. Dinamarca invierte cerca del 8% de su PIB en salud; México, menos del 3%. La brecha fiscal se traduce en resultados palpables: la esperanza de vida en Dinamarca es de 81 años frente a 75 en México, y las muertes evitables ascienden a 167 por cada 100 mil habitantes en Dinamarca, frente a 366 en México.
"No se cumplió el compromiso de cobertura universal de salud y lo otro de tener un sistema de salud de primer nivel", dice Gómez Hermosillo. "Es una tragedia porque lo que se produce es muerte".
Entre 2018 y 2022, la población sin acceso a servicios de salud creció 150%, de 20.1 a 50.4 millones. El retroceso es mayor en Oaxaca, Chiapas, Guerrero e Hidalgo, mientras que incluso la Ciudad de México perdió 2.7 millones de personas con acceso a salud.
La eliminación del Seguro Popular, el desabasto y la pandemia dispararon los gastos catastróficos al nivel más alto desde 1992, según la revista The Lancet. El Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) fracasó en compras y suministros, incluido el oncológico, y ahora el IMSS-Bienestar asume funciones sin resultados comprobables.



Historias humanas que evidencian la falla estructural
El caso de la madre de Rebeca ilustra la tragedia de la cobertura incompleta: "Mi mamá fue al ISSSTE por un dolor en la pierna, nosotros supimos que era una trombosis, fue al ISSSTE y le dijeron que era una infección de tejidos blandos, tuvo que pagar un particular y le dijeron que efectivamente era una trombosis".
"Hay una falla en el acceso real: lo puedes tener como derecho, pero en la clínica no hay medicamento, hay mucha cola, hay una serie de barreras que impiden usarlo", explica Andrés Castañeda.
Otros testimonios en hospitales de Chiapas y Oaxaca muestran situaciones similares: pacientes que esperan semanas para estudios básicos, quirófanos sin insumos esenciales y familias obligadas a pagar medicamentos por su cuenta. La evidencia demuestra que la crisis no es episódica, sino sistémica.
El costo social y económico de la desatención
La falta de cobertura y el gasto catastrófico no solo afecta la salud de las personas, sino su economía y productividad. Familias enteras entran en pobreza por atender enfermedades que podrían haberse prevenido, y la brecha entre asegurados y no asegurados se amplía, consolidando desigualdad estructural.
"Si no logramos aterrizar un modelo donde se invierta de manera preventiva y no solo en atender consecuencias, la crisis continuará", advierte Andrés Castañeda.
La prevención y la infraestructura hospitalaria deben ser prioridad, insisten los especialistas, porque de lo contrario la inversión en salud seguirá siendo insuficiente para salvar vidas.
Conclusión: un sistema en riesgo permanente
México permanece lejos de modelos europeos exitosos. La inversión crónicamente insuficiente, la falta de planificación preventiva y la desigual distribución de recursos consolidan un sistema desigual y peligroso.
Mientras tanto, personal médico como Rebeca lucha a diario en un entorno donde la atención no alcanza para cubrir necesidades básicas, y las vidas de los pacientes dependen más de la fortuna que de políticas públicas efectivas.
"La realidad es que el sistema de salud está por los suelos, y si no se reconoce y corrige esta falla estructural, seguiremos administrando la muerte en vez de la vida", concluye la enfermera.