El despojo de inmuebles y tierras se ha consolidado como uno de los delitos patrimoniales de mayor impacto en el país, durante el primer semestre de 2026, México acumuló un total de 15 mil 311 víctimas de despojo a nivel nacional, de acuerdo con las cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

La gravedad de la situación obligó a las autoridades federales a modificar los esquemas de medición para registrar este ilícito de manera específica dentro de la incidencia delictiva nacional. El despojo ?definido legalmente como la ocupación, apropiación o uso ilegal de un inmueble o aguas ajenas mediante violencia, engaño o de forma furtiva? afecta actualmente a las 32 entidades federativas, aunque su impacto se concentra con fuerza en la zona centro del país.
El mapa del despojo: Edomex y CDMX en el epicentro
La distribución geográfica del delito revela una profunda disparidad. La zona metropolitana del Valle de México se mantiene como el principal foco rojo:
? Estado de México: Encabeza la lista nacional con 2,499 víctimas registradas en los primeros seis meses del año.
? Ciudad de México: Ocupa el segundo lugar con 2,039 casos, lo que representa una tasa aproximada de 21.4 casos por cada 100 mil habitantes, concentrándose el fenómeno en alcaldías de alta plusvalía como Cuauhtémoc, Benito Juárez y Venustiano Carranza.
Detrás de la capital se ubican estados con un crecimiento urbano e industrial acelerado: Guanajuato reportó 940 víctimas; Puebla, 830; y Veracruz, 774 casos.
En contraste, el norte y las zonas turísticas mantienen niveles moderados (menos de 500 casos), mientras que el sureste presenta las cifras más bajas del país. Yucatán registró 79 víctimas; Chiapas y Nayarit, 51 cada uno; Campeche, 5; y Tlaxcala se ubicó como la entidad con menor incidencia, con apenas 4 casos reportados.
Especialistas y agentes ministeriales advierten que el despojo ha dejado de ser un simple conflicto de linderos entre particulares para convertirse en un negocio estructurado por redes delictivas complejas. Entre los principales modus operandi identificados destacan:
1. Invasiones corporativas: Grupos armados o falsas organizaciones sociales irrumpen en propiedades desocupadas o en litigio, cambian las cerraduras de inmediato y aseguran el perímetro mediante la fuerza.
2. Mafias notariales: Redes criminales coludidas con notarías y exfuncionarios alteran escrituras, falsifican contratos de compraventa y suplantan identidades para despojar de forma "legal" a los legítimos dueños.
3. Especulación inmobiliaria: El incremento del valor del suelo urbano ha incentivado a grupos delictivos a focalizar sus operaciones en predios céntricos o de alta plusvalía para su posterior venta o desarrollo.
4. Violencia comunitaria: El abuso de confianza y la coacción dirigida a sectores vulnerables, principalmente personas de la tercera edad o menores en situación de abandono familiar.
Endurecimiento penal frente a un 95% de impunidad
Ante la crisis de invasiones, los congresos locales han comenzado a reaccionar. Mientras el Código Penal Federal contempla penas base de 3 meses a 5 años de prisión, la Ciudad de México reformó recientemente su legislación para elevar el castigo a un rango de 6 a 11 años de cárcel.
Estas penas se agravan si el despojo se comete contra adultos mayores, en suelos de conservación o con la participación de servidores públicos, facilitando además herramientas jurídicas para la restitución rápida de los bienes a sus dueños.
Sin embargo, el marco punitivo choca con la realidad operativa. Organismos civiles de derechos patrimoniales señalan que el despojo enfrenta tasas de impunidad superiores al 95%. La lentitud de las fiscalías locales, la burocracia para acreditar la propiedad legítima y el archivo de carpetas de investigación perpetúan un escenario donde recuperar un patrimonio robado puede tomar años de litigio.